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Salsa entre colegas, el regalo musical de Gilberto Santa Rosa

Salsa entre colegas, el regalo musical de Gilberto Santa Rosa

Unos aplausos rítmicos rompen el silencio y, luego, la voz inconfundible de Gilberto Santa Rosa se une a la introducción. “Si, si, do, re, si, do, re, mi, do, si, la, sol”, canta como dictando un secreto musical ‘El caballero de la salsa’ en Que se sepa, la tercera de las 19 canciones que componen su nuevo disco Colegas, un trabajo discográfico de siete años al que invitó a cantar a 16 de sus amigos y colegas más admirados.

Santa Rosa empezó a hacer este nuevo disco con el deseo de grabar una canción de lujo con los percusionistas Johnny ‘Dandy’ Rodríguez y Orestes Vilató en Puerto Rico, nada más. Y esa primera colaboración desató un trabajo entero con la participación de voces caribeñas y coterráneas de ‘Gilbertito’, como le dicen en la isla al cantante boricua que inició su carrera en la salsa a mediados de los años setenta, siendo casi un niño.

“Sí, yo soy romántico, me encanta lo clásico, me gusta el bolero, soy sonero y me gusta la rumba”, dice el artista, como declarando principios, en Estoy como nunca, otra de las canciones del disco, el cual fue grabado y producido con la paciencia del alfarero con el sello InnerCat Music.


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Tito Nieves, José Alberto el ‘Canario’, Tito Rojas, Víctor Manuelle, Jairo Ruiz, Lino Segarra, Juan José Hernández, Ismaelito Rivera, Yan Collazo, Maelo Ruiz, Pirulo y Michelle Brava son algunos de los intérpretes que hacen parte del ‘club de oro’ que reunió Santa Rosa para Colegas.

El artista, de 58 años, habló con EL TIEMPO desde Puerto Rico. “Me quedó tan bonito este disco… Lo digo con orgullo, pero también con la libertad de que lo comparto con mucha gente”, dice con la cortesía que lo ha coronado como un caballero en los escenarios del mundo. Con esa misma actitud no solo invita a disfrutar de los arreglos musicales “exquisitos” del disco, sino de la posibilidad de vivir el reencuentro de grandes amigos a través de la salsa como un regalo.

¿Cómo se siente al ver Colegas finalmente listo después de siete años de trabajo?

Me siento muy emocionado porque, de ser un proyecto estrictamente privado, se convirtió en un proyecto que yo creo que va a ser uno de los más emblemáticos de mi carrera. Me siento bien satisfecho de haber tomado la decisión, o mejor dicho, de dejarme convencer por algunos amigos y mi familia que me decían ‘pero, saca el disco, ¡está muy bueno!’. Esa es la palabra: satisfacción.

¿Cómo recuerda el momento originario de ese disco?

Hay dos músicos que respeto mucho y soy fanático de ellos: Johnny ‘Dandy’ Rodríguez y Orestes Vilató. Una de las cosas más importantes que hicieron fue fundar la Orquesta Típica 73, que para todos los salseros es un gran referente. Yo lo que quería era que ellos vinieran a tocar aquí a Puerto Rico y darme el lujo de que me acompañaran en algún proyecto para tenerlo en mi casa. ¿Y qué pasó? Quedó muy bien, me entusiasmé y pensé en otros músicos que quería escuchar tocar juntos, y por ahí seguí hasta que hice un repertorio de 19 canciones. Luego dije: ‘Caramba, pero cantar 19 canciones yo solo, por qué no cantar con otros colegas, amigos míos’. Y así fue que nació esto que llamamos Colegas.

Le escuché decir que en Colegas decidió retornar a los sonidos más tradicionales de la salsa, ¿qué definió eso?

Como era un asunto personal pues me refrescó el sonero de los 70, cuando comencé con las orquestas. Pero también tengo que hacer la salvedad de que a mí me encanta lo que yo hago, la salsa romántica, que siempre la he mezclado con mucha tradición. Pero en este caso no quería mezclar las dos vertientes. Yo te diría que la mayoría de los cantantes que estamos ahí también habíamos hecho un repertorio de música romántica, y entonces fue algo de sacar el sonero de todo el mundo a pasear y cantar en esta onda tradicional como algo especial.

Y en medio de retornar al sonero, ¿recuerda alguna anécdota?

Todos estos cantantes son cantantes de mucha experiencia, con un talento natural y muy espontáneo. ¿Qué pasó? Que cuando íbamos a grabar, las grabaciones duraban pocos minutos porque salían de una manera muy orgánica, pero los cuentos, las anécdotas y la nostalgia duraban tres o cuatro horas con nosotros en el estudio y, a veces, el ingeniero tenía que decirnos: ‘Oigan, señores, yo tengo otra sesión ahora, por favor. Van a tener que salir porque tengo que trabajar’. Fue un proyecto muy especial.


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¿Fue duro escoger solo 16 colegas?

Sí, fue muy difícil y quiero decirte que después de que terminé el disco me quedé con el sinsabor de ‘caramba, se me quedó Fulano y Mengano’. La realidad es que la familia es grande y hay mucha gente a la que yo admiro y que me encantaría cantar con ellos. Cuando llegué a la canción número 19 dije: ‘Bueno, vamos a parar esto’. Ojalá que algún día pueda hacer una segunda parte.

¿Alguna canción difícil de grabar?

Te tengo que decir que no. Solamente el talento de esta gente, la disposición con la que llegaban, miraban su parte y tocaban con ese ánimo e ímpetu. Cuando había que corregir algo, ellos mismos decían: ‘Un momento, vamos a hacer esto de nuevo porque esto puede quedar mejor’. Entonces, tú ves ese respeto por la música en general. Por eso es que las versiones son largas. Primero porque estaba hecho libremente, no estábamos pensando en difusión de radio ni mucho menos, estábamos pensando en pasarla bien y en hacer música. Eso ayudó mucho a la espontaneidad del disco.

Hizo un interludio de boleros, ¿es un homenaje a los sonidos con los que empezó su carrera?

Sí, pero en realidad yo recordé que todas las orquestas salseras de la época en la que yo empecé a cantar acostumbraban tocar boleros y boleros de orquestas. Ese bolero tocado con percusión latina y con metales era el tipo que yo cantaba con las orquestas, y todas las orquestas en los bailes, por lo menos aquí en Puerto Rico, tenían su momento de tocarlo y quise retomar eso. Y me busqué tremendo cómplice, el maestro Nino Segarra, que tiene una voz espectacular, es un gran músico y conoce bien la canción romántica, y creo que hicimos un bonito dúo con tres boleros que son de los que yo aprendí cuando era muchachito.

Incluyó una canción que se llama El mejor sonero. ¿Para usted qué es lo que hace a un gran sonero?

Bueno, eso tiene varias definiciones, empecemos por la más original porque esta música está hecha sobre la base de la música cubana. En Cuba un sonero es un intérprete de son, más adelante se le empezó a dar la connotación de ser un cantante improvisador. Aunque hay unos soneros que no necesariamente son grandes improvisadores, pero tienen la virtud del dominio del ritmo, la expresión, la energía que hace que una orquesta se complemente. Quiere decir que un sonero debe tener conocimiento y dominio de la clave, vocabulario para poder expresarse y alma cuando se canta, eso se siente. Usted cuando escucha un buen sonero lo va a sentir, aunque no sea necesariamente un músico. Eso es lo que debe tener un buen sonero para mí.

¿Le parece fácil encontrar esas características hoy?

Me parece que es difícil encontrarlas en los medios tradicionales porque la música ya no tiene el protagonismo ni la difusión de antes, pero hay muchachos que son buenísimos, unos que están desarrollándose y otros que tienen ya la madurez para pararse al lado de cualquier veterano. Los hay aquí en Puerto Rico, los hay en el Caribe donde he ido, los hay en Centro y Suramérica. Soy de los que piensa que a través de todas las cosas digitales la música viaja más rápido, pero también la cantidad de música que tú escuchas, ahí le hace falta el medio tradicional para enfocarte en una figura y decir ‘mira a fulano, lo escuché cantar, qué bien canta’.

Hace poco cumplió 40 años de carrera, ¿se siente agradecido?

A mí la música me ha dado vida. Yo empecé a cantar desde muy niño y tengo que agradecerle prácticamente todo. Porque a través de la música fue que yo logré tener una carrera, mantener a mi familia, conocer el mundo, porque te confieso: soy un pésimo turista, y con la música aprendí a viajar, a disfrutarme los sitios a los que voy, a conocer personas espectaculares. Así que la música y la voz son el centro del desarrollo de mi vida.

Puerto Rico suena ahora más por la música urbana que por la salsa, ¿le parece exagerado decir que la isla es la despensa de la música urbana?

Sin duda el género urbano está a la orden del día. La mayoría de las figuras que están liderando este género son de aquí, y no solamente están teniendo éxito, sino que han cambiado la industria musical en su manera de manejar todo lo que es la difusión y el mercadeo de toda esta música, y el público los está apoyando, eso es innegable.

¿Extraña el Puerto Rico más salsero?

Pues yo extraño salseros, pero no creo que sea justo decir que un género desplazó al otro. Simplemente, las generaciones tienen su música y la música popular se mueve de esa manera, en un momento dado fue el rock, luego fue la salsa, luego fueron las baladas, el pop… lo urbano. Yo no pertenezco a ese mundo, pero siempre defiendo el hecho de que a veces a la gente le gusta ponerles fecha de caducidad a las cosas y el movimiento urbano viene manejándose hace treinta y pico de años, entonces hay que respetarlo, gústele a la gente o no. Pienso que la gente a la que le gusta determinado género se debe aglutinar y seguir disfrutando de él en la medida que sea.

¿Ha imaginado tener a todos los colegas en vivo?

Claro que sí. ¡Eso sería una fiesta grandísima! Un día, el amigo Tito Nieves organizó un Zoom con algunos de los cantantes y fue tan bonito lo que pasó ahí. La gente cree que nosotros nos vemos todos los días y no es así. Siempre he dicho: nos vemos en los conciertos, en el aeropuerto, en un avión; pero fue tan bonito ver cómo nos integramos, éramos como ocho o diez, hacíamos cuentos y algunos habían oído las canciones de los otros, entonces comentaban entre ellos: ‘Oye, qué bien te quedó tal cosa’. Si yo me imagino el concierto algún día, sería algo espectacular por toda esta energía tan bonita que hay.

Sería un show que uniría varias generaciones…

Había un eslogan aquí en Puerto Rico, de un partido político, sería algo como van a escuchar ahí ‘lo mejor de los dos mundos’ (risas). La tradición con la frescura de gente nueva que tiene una energía e ideas espectaculares.

Fuente : eltiempo.com


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