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¿Qué es lo que quiero de ti?

¿Qué es lo que quiero de ti?

Todo o nada………Puede sonar como una posición radical frente a un querer, pero aunque parezca sencillo de decir, para llevarlo a la acción nos implica:

  1. Definir lo que quiero,
  2. Tomar decisiones y hacerme cargo de lo que acontece,
  3. Determinar mi propósito y
  4. Dar pasos de fe para alcanzar lo que quiero.

Y ¿Qué es lo quiero?…

Ehhhh…Amor, aceptación, admiración, alegría, apoyo, aprobación, armonía, atracción, bondad, calma, compasión, comprensión, confianza, consuelo, dicha, entusiasmo, esperanza, felicidad, fortaleza, firmeza, gozo, honestidad, humildad, justicia, libertad, motivación, optimismo, paciencia, paz, pasión, plenitud, placer, respeto, satisfacción, seguridad, simpatía, solidaridad, templanza, ternura, tolerancia, tranquilidad, unidad, valentía, vulnerabilidad.

Sin duda quiero muchas cosas en mi vida, pero sólo cuando logro definir con claridad lo que quiero para mí desde ¿Cómo me quiero sentir? es cuando puedo determinar ¿Qué es lo que quiero de ti?

Dentro de un grado de coherencia, esto significa que si  lo que quiero de ti es amor, lo que yo quiero darte a ti es mi amor.  Por eso, tiene sentido para mí decir que recibes de acuerdo a como das.

Esta es la razón por la que las personas que están a mi alrededor se convierten en el espejo de mi  interior y en el reflejo de lo quiero tener, recibir, mejorar, cambiar o transformar.

Pero, si en mi vida hay situaciones de rechazo y en donde no quiero aceptar lo que quiero de ti;  por miedo a sentirme rechazado, por ocultar mis emociones,  por evadir mis obligaciones, por cuestionar mis creencias, por dudar de mis capacidades, por sentirme frustrado o fracaso, debo estar listo para recibir ese mismo rechazo,  acompañado de otras circunstancia que sacudirán y ampliarán mi mente.

Y aunque estas justificaciones a simple vista parezcan ser diferentes y sin relación alguna, cuando reconozco lo que quiero de ti para mí, me permito explorar en el fondo del asunto, hasta comprender de donde viene ese rechazo que será expresado con justificaciones y con otras emociones tales como: el orgullo, la angustia, la decepción, la desconfianza, el dolor, la ira, la indiferencia, la timidez o el vacío.

Todas estas circunstancias y emociones son cuestionadas e interpretadas, de acuerdo a como estén moldeados nuestros patrones de creencias, ya que, a través de las experiencias que vivimos, cada uno construye un observador, que es, el que define el nivel de conocimiento, la comprensión de las situaciones y los estados de ánimos con que nos enfrentamos a la realidad.

En mi caso, el tipo de observador que había construido, estaba edificado con creencias muy firmes y sólidas, me había convertido en el prototipo de mujer “perfecta, rígida, segura, fuerte y radical en mis decisiones”; no podía cometer ningún error.

Mi vida giraba alrededor del núcleo de mi familia y mi disponibilidad para el resto era escasa o nula, porque siempre vivía para producir, para trabajar, para ganar, para sobresalir, para ser la mejor en todo.

Muchas veces, sentía que vivía para agradarles a todas las personas que estaban a mi alrededor,  menos a mí misma. Vivía en el mundo de las explicaciones, de las razones y del qué dirán, porque siempre quería de ellos su  atención,  aprobación y aceptación para sentir que todo estaba bien.

La vida te reta a enfrentar nuevas etapas en tu vida y es ahí cuando pones a prueba toda tu estructura mental. Mi turno llegó hace unos meses.

Para ese entonces, estaba en mi proceso de certificación como Coach Ontológico, recuerdo siempre el primer día, me sentía la sabelotodo, siempre preparada para enfrentar cualquier batalla y ganarla. Pero lo que no sabía, era con quién tenía que enfrentarme en esta ocasión…y  adivinen…era conmigo misma…. Ufffff fue un golpe muy duro…

Durante todo ese proceso, me enfrente cara a cara con cada uno de mis miedos y las fuerzas que “me hacían poderosa” se fueron desvaneciendo una a una y todo ese mundo perfecto que había creado en mi mente había desaparecido por completo.

Mi mente, mi cuerpo, mi alma, mi ser, mi corazón por primera vez, había descubierto lo que realmente quería de ti y como me quería sentir conmigo.

En estos procesos de cambios, aprendí a validar lo importante que soy para mí misma y que si quiero algo de ti, de ahora en adelante, no solo lo quiero tener sin miedo a que me rechaces por tener una mente ampliada y diferente a la tuya, sino que, quiero que nos respetemos y aprendamos de lo que los dos nos podemos regalar, sin medir ¿Quién tiene más? ¿Quién tiene mayor experiencia?  ¿Cuál de los dos es mejor? ¿Quién sabe más? ¿Quién da más? ¿Cuál de los dos es el peor?.

De seguro tú que me lees recordaste algún momento en el que te pusiste a prueba a ti mismo y te preguntaste: ¿qué es lo quiero de ti?, quizá aún te lo estés preguntando, en todo caso qué tal si te haces primero la pregunta a ti mismo: ¿qué quiero dar de mí?, puede que ahí encuentres lo que buscas… Y si es así compártelo, quizá alguien necesite leerte y sea tu experiencia inspiración para otros.

 


Por: Johana Peláez Velásquez

Johana Peláez Velásquez

Coach Ontológico


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