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Problemas, liderazgos… soluciones

Problemas, liderazgos… soluciones

Necesitamos líderes ciertos que puedan resolver los problemas presentes y futuros, aunque es mi convencimiento pleno que lo ideal es, no obstante se sostenga que la vida no es otra cosa que sortear obstáculos, que los mejores líderes son aquellos que logran evitar la mayor cantidad de problemas y tienen una estrategia para poner fin a las situaciones dificultosas o adversas cuando éstas aparecen, y cuentan con la agudeza de percatarse de ellos, estudiarlos y analizarlos, en su cometido de llegar al meollo del asunto antes de procurarle una adecuada solución, toda vez que para ellos todo problema es una oportunidad para aplicar sus conocimientos y capacidad ejecutora.

Un buen líder oficia siempre como un coordinador que cuenta con asesores (invaluables cuando de resolver problemas se trata), consultan a las partes interesadas y a quienes tuviesen algo que sugerir desde el punto de vista de su experiencia. Consideran causas y naturaleza, actúan con la sabiduría de entender que un problema es ello y no otra cosa y como tal debe resolverse; forma de tratar los problemas que los lleva a tomar decisiones acertadas.

Se trata de detectar el origen y luego pensar en su solución, pues sin tener idea de la causa, es muy difícil pensar en su efectiva solución, importando en todo esto hacer frente a los problemas, no dejarlos crecer ni cambiarlos de sitio, sino estructurar estrategias y consultar a los expertos.

En tal itinerario, interesan líderes humanistas, sin demagogia, que a decir del orador ateniense Andócides en el Siglo Quinto A.C., utilizarla es acto de tirano.

La demagogia representa a quienes buscan el apoyo de la gente para favorecer sus intereses particulares y no los superiores de la comunidad. Está contenida de constantes apelaciones a prejuicios, emociones, miedos y esperanzas del público con el único objetivo de ganar apoyo popular.

La demagogia es sinónimo de falsa retórica, eufemismo, grandielocuencia, que nada tienen que ver con la forma como debe conducirse un verdadero líder.

Los líderes que necesitamos deben ser personas cabales, que eviten a toda costa la manipulación. Auténticos, soportados en la verdad, ajustados a las exigencias de la realidad y que contribuyan mediante sus acciones hacia un real progreso para todos. Coherente, de argumentos sólidos, sin falacias. Activo. Ejemplar, con unidad personal, algo imprescindible en un líder verdadero.

Personas que marquen el rumbo, fijen la dirección hacia donde se debe ir, encarnen las expectativas de todos, trasmitan seguridad y credibilidad (invaluable en momentos de crisis o de zozobra), que marquen la pauta e inviten a la acción.

Se atrevan, enfrenten, sacudan, llamen al orden, definan, establezcan, instruyan, hagan que los demás hagan y sea el ejemplo viviente a emular. Que, en medio de la incertidumbre y la desazón, se levanten sobre los demás, sean referente, irradien energía, tengan claros los objetivos a perseguir, ordenen, corrijan, motiven, adviertan, se sacrifiquen con y por los otros, pero sobre todo que empujen a la acción.


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Por: Rubén Ceballos

Rubén Ceballos

Abogado Penalista.


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