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Política de Mierda

Política de Mierda

Gracias a mi padre soy lo que soy. Político y empresario exitoso. Propietario de una lujosa mansión en un sector exclusivo de Miami Beach, un apartamento en París y otro en Newyork. Miles de hectáreas de tierras y propiedades heredadas y apropiadas en mi país. Una revista de circulación nacional, un periódico, dos emisoras y un canal de tv. Poseo empresas fachada para contratar con el estado y cuento con ahorros millonarios depositado en el exterior.
Soy uno de los hombres más poderosos de este país de mierda. Me avergüenza identificarme como colombiano en el exterior. Pero como mi padre decía: «La gente de bien no tiene nacionalidad» Es cierto la clase no tiene fronteras.

Una de las cosas que más odio de las campañas políticas es darle la mano a tanta gente asquerosa, siento asco al besuqueo de las mujeres pobres al saludarme, hieden a vinagre y a cebolla revuelta.
Me repugna cargar a esos mocosos para salir en portadas de periodicos y revistas, son cosas de la política, decía mi padre. Aunque después dure hasta un mes desinfectando mi cuerpo, como sucedió al iniciarme en política. Un día, mi padre, me invitó a una de sus correría.

 

La manifestación se desarrollaba en el patio de un colegio público ubicado en el barrio «Brinca y Pea», pueden creer eso, qué gente tan ordinaria, dirigido por un hijueputa patuleco, que él había nombrado cuándo fue secretario de educación.

No cabía un alma, gente hasta en las paredillas, habíamos ofrecido merienda, sancocho y ron.
La calor era insoportable, el bullicio también, nadie prestaba atención al discurso de papá, de pronto, se escuchó una voz chillona a todo pulmón, por encima de todas las voces, ¡Seño Marta! ¡Juanito se Cagó! El desorden se formó de padre y señor, un batalla de mierda, así, literal, volaban bolsas repletas de mierda desde los patios vecinos, una de ellas atinó a caer en la olla donde se cocinaba el sancocho.¡Tienen este país vuelto Mierda! ¡Ahí se las devolvemos! Gritaban desde algún lugar

Desesperado por salir de ese colegio de mierda, busqué a papá y lo encontré vuelto mierda. Lleno de ira, abrí paso entre la gente que reía y se burlaba de nosotros y al abordar el automóvil sentí en la espalda que algo me golpeó y deslizó al interior hasta los talones, mierda física corría por mi cuerpo. Esto es obra de los opositores.
Solo pude llorar y maldecirlos por siempre.
Papá se hizo cargo de la situación. Pagó para qué nos lavaran y también para que le dieran su merecido a los hijueputas que que promovieron el mierdero.

Papá confesó:

«el alcantarillado en ese barrio aparece tres veces construido y aún padecen del servicio.
Yo mismo participé en la repartición de dos presupuesto para tal fin. y aún así continúan votando por mi».
Yo heredé ese caudal electoral.

Esa gente de mierda merecen su suerte. Se llenan de hijos, son flojos, desagradecidos y mala clase. Uno les ayuda, les da trabajo, entonces te roban, dañan las cosas, te demandan y hasta arman sindicatos.

Esos miserables no entienden los grandes sacrificios e inversiones que hacemos quienes manejamos las riendas de este país.

Como senador de la república no necesito hacer campaña política. En las dos últimas décadas hemos consolidado una empresa electoral, iniciada por mi padre, que me garantiza ser el congresista mas votado de la región, sin moverme de casa.

No se trata de hacer la mejor propuesta política para la campaña electoral, sino, quién tiene el mayor músculo financiero para la compra de votos, jurado y autoridades para adueñarse del presupuesto y la nación.

Tengo pretensiones presidenciales. Vamos a limpiar este país de toda la escoria opositora qué se hacen llamar líderes, defensores derechos humanos, ambientalistas y sindicalistas, que buscan lo que no se les ha perdido. No permitiré a esos mamertos mal paridos, muertos de hambre, vagos de mierda, apoyados por el terrorismo internacional, me acusen de paramilitar, corrupto, narcotráficante, esa manada de ignorantes, que ni siquiera merecen el aire que respiran, no saben con quién carajos se están enfrentando. Somos dueños de este puto país y gracias a nosotros existen. Si nos da la gana, le quitamos la vida el día que nos plazca. No somos Dios, pero tenemos el poder de decidir quién vive y quien no.


Por: Edwin Doria

Edwin Doria

Artista


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