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Mujer que no jode ¿es macho?

Mujer que no jode ¿es macho?

Desde mi infancia, cuando abrí los oídos y los ojos a la razón, he visto y escuchado una construcción lingüística y comportamental que ataca directamente a la mujer, por su condición, cimentando una fuerte y arraigada cultura machista, que lejos de superarse, parece que se acentúa cada día más.

Durante mucho tiempo y aún hoy, lo reconozco, no estoy exento de esta actitud, porque no es fácil sacudirse de lo que te dieron de beber, desde el mismo momento en que se llega al mundo.


Soy el penúltimo hijo de seis hermanos, donde cinco somos varones. Mi padre, viejo de grandes principios y recio carácter, nos levantó a punta de fuete y enérgicos llamados de atención. No era fácil lidiar con semejante pelotón, pero aquí estamos dando la batalla de la vida, poniendo la cara al sol, tratando de enfrentar los duros desafíos de la cotidianidad apegados a esos preceptos que nos infundieron desde chicos.

 


Y esa actitud machista, por infortunio, hace parte de la cadena de cosas con que forjaron nuestra personalidad. Aprendimos que la mujer debía estar en la cocina o lavando la ropa y los trastes, criando los hijos, barriendo la casa y además, el recipiente de los insultos y las descargas emocionales. Era “normal” que el marido maltratara a su mujer, verbal o físicamente, total muchas de ellas “se lo buscaban” o “lo merecían”.

“Mi mujer me pidió más libertad y yo le amplíe la cocina”, “decir mujer bruta es redundar”, “mujer que no jode es macho”, eran (y tal vez siguen siendo) las frases con que nos referíamos a las mujeres, en un lenguaje ofensivo, despectivo, que menosprecia su dignidad y socava sus derechos y espíritu.

Me detengo en una de las más recurrentes: “Mujer que no jode es macho”, es una clara alusión y un ataque frontal a la condición femenina y de algún modo, una estrategia, para disimular los múltiples defectos que poseemos los hombres. En nuestra cultura, si la mujer reclama porque el marido llegó ebrio y se bebió la plata de la quincena o porque es irresponsable con la alimentación o los temas de educación de los hijos, entonces es “una vieja cantaletera”. Es como si los hombres tuviéramos una patente de corso para hacer y deshacer y que tales cosas no deben afectar a nadie y la mujer, que es muchas veces, la administradora del hogar, la que lleva las cuentas, la que siente de manera directa todas las penurias, tiene la obligación de quedarse callada, “porque la mujer conforme se merece muchas cosas”, como dice la canción vallenata (por cierto románticamente machista).

Es decir, los hombres tenemos derecho a ser infieles, pero si la mujer lo hace, el escándalo es monumental y los adjetivos, ni se diga. Los hombres podemos amanecer en la calle y las mujeres deben esperarnos en casa, con la comida caliente y la cama tendida, eso no es cristiano.

Y es precisamente esa visión distorsionada de la realidad, la que aún hoy mantiene tan altas las tasas de violencia contra la mujer. De acuerdo a cifras de Medicina Legal, entre enero de 2018 y el 20 de febrero del presente año se habían producido 1080 asesinatos de mujeres, 12 casos más que en el mismo periodo de 2017. En presuntos abusos sexuales, el incremento marca el 9,5%. Lejos de bajar, las cifras son cada vez más rojas. Aumentaron los homicidios, los delitos sexuales, la violencia interpersonal e intrafamiliar y para colmo, la impunidad reina en la inmensa mayoría de los casos. Es aterrador saber que la mayoría de muertes se produce entre jóvenes de 20 y 24 años y mucho más triste aún que aumenta dramáticamente el número de niñas menores de 4 años asesinadas.

Y conjuntamente con la revolución tecnológica y los nuevos mass media, evoluciona y se sofistica la agresión hacía la mujer. Cuando hay un video de dos mujeres agrediéndose, las visualizaciones son de cientos de miles y los comentarios, ni se diga.

Se ha vendido la teoría de que la mujer es el sexo débil, cosa que desapruebo totalmente. Yo creo más bien, que es delicada y en consecuencia, debe recibir, un trato respetuoso, decente, en todos los escenarios de la vida. En la casa, en el trabajo, en la calle. Una mujer puede departir conmigo una cerveza y eso no me da derecho a mandarle la mano o hacerle una propuesta indecente, creo, que al igual que a los amigos, hay que agradecerles que tengan un instante de esparcimiento con uno.

Necesitamos evolucionar hacia una sociedad tolerante, respetuosa, que dé prioridad al diálogo honesto, franco, que hayan canales de comunicación, que se respete cada quien y que las diferencias se puedan zanjar por esas vías, sin llegar a los extremos que generalmente terminan mal. Que prime el amor, que no se apague el entendimiento y la razón, que no nos venza la ira y la irracionalidad. Respetemos a la mujer, respetemos la vida, demos a la familia el valor que merece. La verdadera paz, comienza en tu corazón.


Por: Francisco Martínez Ferreira

Francisco Martínez Ferreira

Director General Expomujer Montería Caribe


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