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Legalidad, verdad y justicia

Legalidad, verdad y justicia

Por: Emiro Madera

“La legalidad es una cuestión de poder, no de justicia”, afirma un irónico meme recibido de mi contertulio virtual, y a cuyo juicio profesional someto las siguientes consideraciones.

Esta irónica acotación contiene afirmaciones útiles para discernir las complejidades de nuestra realidad a veces alucinante, donde el derecho,  generador  de la legalidad, poco tiene que ver con la verdad y con la justicia, muy a pesar de que siempre en las argumentaciones de nuestros políticos de todas las tendencias se da por sentado que derecho, verdad y justicia, son casi sinónimos.

Sin entrar en las profundidades embolatadoras de la hermenéutica jurídica o la filosofía del derecho, podemos afirmar que lo legal son hechos o procedimientos que corresponden con lo dispuesto por la ley; la verdad es una correspondencia entre la interpretación de una realidad, con la realidad misma y la Justicia, en sentido retributivo, es una pena o castigo proporcional a una falta cometida.

La primera situación “problemática” para impartir “justicia”  es que no hay “un” derecho sino “varios” derechos (técnicamente doctrinas, jurisprudencias) según se interprete la norma, y hay varias formas legítimas e ideológicas de hacerlo: literal, teológica y sistemática. Por esto, potencialmente, donde hay un abogado, hay tres conceptos.

Ahora bien, en la práctica de cada interpretación surge una “justicia”, que jurídicamente puede ser legítima pero realmente puede ser injusta. De aquí la hipótesis inicial de la endeble relación entre el derecho (legalidad) y la justicia.

A esto se agregan las buenas distintas formas tramposas de construir argumentos aparentemente ciertos, como falacias, sofismas o eufemismos. Para orientarnos en todas estas trampas argumentativas, Norman Baillargeon escribió un libro titulado Curso de autodefensa intelectual, que mucho conviene hojear en estos tiempos de redes sociales y falsas noticias.
Todos estos enredos “naturales”, son el caldo de cultivo de la corrupción  nacida de una cultura de la trampa, el oportunismo, el enriquecimiento fácil, el clientelismo y la politiquería.

Las consideraciones anteriores permiten comprender por qué los enredos del derecho y en derecho son normales y los debates de interminables, sobre casi cualquier cosa y en particular sobre los los acuerdos de paz, en donde todos esgrimen argumentos “legítimos”, pero además permiten percibir parte de la complejidad de las realidades que como partido Colombia Renaciente, busca transformar.


Por: Emiro Madera Reyes

Emiro Madera Reyes

Ex Rector de UNICOR


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