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La odisea de la espera por las vacunas

La odisea de la espera por las vacunas
Jesús David Fernández Díz

Por: Jesús David Fernández Díz

Con tantos fenecidos y personas en estado crítico en las UCI a raíz del letal coronavirus llegué a asumir que se tomarían acciones inmediatas en pro de procurar el amortiguamiento del recorrido de la pandemia.

Todos pensábamos que la pandemia sería un tiempo para que los gobiernos se reivindicaran con el pueblo en aras a mostrar un transparente y eficaz  modo de gobierno en donde se pudieran satisfacer a plenitud las necesidades de sus gobernados y en este caso, mitigar o disminuir la propagación del patógeno a través de las jornadas masivas de vacunaciones y demás inoculaciones necesarias para obtener una adecuada recuperación de la salud.

Sería entonces la oportunidad idónea para mostrar la capacidad de gestión administrativa y la celeridad en la aplicación de dichas vacunas, celeridad y eficiencia con la que se debería destacar un Estado social de derecho, es decir, actuando con prontitud, equidad y calidad en favor de los ciudadanos (especialmente los que se encuentran en UCI) de la Nación y más en estos tiempos en los que más se necesita de la agilidad de una gestión a la vanguardia  para salvaguardar muchas vidas en peligro por causa del mentado virus. No obstante, no todo lo que brilla es oro y no todo lo que vemos en la televisión es cien por ciento verídico.

Sin menoscabar el hecho de que lo más importante en estos momentos de crisis sanitaria, es el autocuidado y cuidar a los demás, especialmente a nuestros ancianos, muchas personas creen que por el simple hecho natural de que todos nos vamos a morir no es necesario tanto cuidado estricto y supervisión de los protocolos de bioseguridad.

Lo anterior, ya que es completamente normal que, a diario, se reporten cierto número de muertes debido a que existen otro tipo de enfermedades distintas al Covid-19 y hay algunas de las cuales ya no se escucha ni el renombre en razón a que el tema principal es el coronavirus y el impacto que ha tenido a nivel local, nacional y mundial.

Lo cierto es que, a pesar de que todos los días se muere gente por distintas causas, eso no es óbice para pensar que el autocuidado es una pérdida de tiempo, ya que con el valor de la vida no se juega.

Siguiendo el orden de ideas planteado tenemos que, según las estadísticas de la OMS, en el mundo mueren aproximadamente unas 155.000 personas al día.

Son 194 países reconocidos en el mundo. Suponiendo que cada país tuviera el mismo número de habitantes,  en cada país sería normal que murieran unas 800 personas al día por múltiples causas: accidentes de tránsito, accidentes laborales suicidios, homicidios, enfermedades crónicas como el cáncer o VIH, vejez, entre otra cantidad de causas probables, por lo que seria injusto atribuirle toda la culpa al dañino coronavirus, ya que existen multiples factores por los que las personas fenecen.

No obstante no basta solo con pensar en la pusilánime  idea de que es normal que la gente se muera ya que, en sentido común, hay riesgos que se pueden evitar y el alma prudente siempre busca la manera de evitar el peligro innecesario, por lo que el autocuidado, en todas sus formas, no solo en cuestión del Covid-19, cumple una tarea fundamental al momento de preservar la vida e integridad física propia y  al mismo tiempo de cuidar de nuestras familias, y más aún si consideramos el hecho de que la aplicación de las vacunas se ha tardado un poco en nuestro país en comparación con otros países.

Teniendo en cuenta lo anterior, es completamente absurdo de que aún haya personas que piensen que no existen otras enfermedades distintas al Covid-19, cuando es sabido que ha habido peores pestes y patógenos a lo largo de la historia.

Por ejemplo la peste negra mató millones de  personas y fue la peor peste en toda la historia de la humanidad durante  el siglo XIV.

Fuera de la peste negra han existido otros virus, algunos más mortíferos que otros, que han afectado a determinado número poblacional.

Por ende es necesario entender que esta pandemia no es el fin del mundo ni tampoco el nuevo orden mundial instaurado en las Naciones, sino un virus más que se ha añadido a la lista de patógenos producidos por la impetuosa y misteriosa naturaleza y que ameritan autocuidado y adaptación así como otros virus que han existido, existen y seguirán existiendo y resurgiendo así como también la medicina va avanzando y mostrando su novedoso progreso mediante las medicinas y vacunas que sirven para aliviar y en muchos casos finiquitar los dolores causados por muchas enfermedades.

Con relación a las vacunas, es un tema complejo y pienso que el Gobierno nacional está tardando mucho en la aplicación de las inoculaciones y tratamientos, por razones que no están del todo claras, pero asumo que tiene que ver con la pésima administración de la salud en este país y las mermeladas que se pasan unos a otros.

Sea cual sea la razón de fondo por las que las brigadas de vacunación se están moviendo a paso de tortuga, es momento de levantar la voz y exigirle al Gobierno que realice las gestiones necesarias tendientes a las políticas de salud pública para el suministro de las vacunas, empezando por la población más vulnerable hasta llegar a los que son jóvenes y asintomáticos.

Por último, cabe señalar que hay quienes le echan toda el agua sucia al gobierno. Estas quejas y reclamos hacia los funcionarios estatales tampoco son justas ya que, si bien la gestión del gobierno ha sido pésima, tardía, con matices de corrupción, y que no ha sabido sobrellevar los períodos de confinamiento y reapertura, es deber de cada uno de nosotros cuidarnos y tomar medidas preventivas para evitar ser contagiados con el virus.

Medidas como una alimentación saludable, ejercicio diario, el uso correcto de las mascarillas, no participar en fiestas con desconocidos, lavarse con frecuencia las manos, entre otros métodos para defenderse de agentes virulentos.

Recordemos que aún con la aplicación eficaz de las vacunas, no nos volveremos inmortales o inmunes a otros virus tan peligrosos como el Coronavirus, por lo tanto es indispensable cuidarse siempre, con o sin, la inserción de la vacuna.


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Jesús David Fernández Díz

Jesús David Fernández Díz

Abogado, de 26 años, egresado de Derecho de la Universidad del Sinú. Escritor y asesor de servicios legales. Oriundo de San Antero residenciado en Montería. Amante a la lectura y asesor de servicio independiente.


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