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La hora de la emancipación

La hora de la emancipación

Por: Francisco Martínez Ferreira

Juan González Petro, el alcalde que derrotó a Jesús María ‘El Mono López’, en su segundo intento por llegar a la alcaldía de Montería, fue el responsable de liquidar a la entonces asfixiada por la corrupción, el clientelismo y las deudas, a las Empresas Públicas Municipales de Montería, que para esa época se encargaba de la labor de suministro de agua, alcantarillado y aseo de la ciudad.

El mandatario de origen y linaje conservador, pero arropado por una coalición pluripartidista, en la que la izquierda jugó un papel protagónico para vencer a su adversario, tuvo la excusa perfecta para disolver una cloaca, utilizada de manera infame para lucrar a los políticos y clanes de la época, condenando a la población a carecer de un servicio vital para la supervivencia: El agua.

Por supuesto que las EPM de la época eran inviables y la salida más fácil, era la de la privatización, es decir, entregar oro puro a manos particulares, para que armaran el gran negocio, vender agua, sin competidores, en condiciones absolutamente adversas a los intereses ciudadanos, pero sí muy convenientes para los que asumieron el control de dichos servicios.

Así nació la SAAM (Sociedad de Acueducto y Alcantarillado de Montería), a la que no tardaron en llamar ‘Sociedad de Amigos del Alcalde de Montería’. Recuerdo que funcionaba en la calle 27 con carrera 10.

Pero la vida de la SAAM fue fugaz, muy pronto, sus dueños, ante la supuesta incapacidad de invertir en mejoramiento y ampliación de cobertura deciden venderla y ahí es cuando aparecen los españoles, en su segunda conquista a la américa empobrecida.

Ya no vinieron con bayonetas y espejos (bueno, tal vez espejo sí), sino con una chequera para sobornar a quien se le pusiera enfrente, tomando posesión, adueñándose de lo que en derecho, naturaleza y legitimidad nos correspondía a todos los habitantes de la capital cordobesa, nuestra agua.

Es la aparición de PROACTIVA AGUAS DE MONTERÍA S.A. E.S.P. Un estrambótico nombre, para un vil negocio.

Mostrando sólo su cédula, los ‘chapetones’ inician su jugoso negocio, utilizando toda la infraestructura instalada y pagada con plata de nuestros impuestos.

Su trabajo solo consiste en recaudar, hacer mantenimientos, separar sus ganancias y pare de contar.

Algunos, en defensa de la privatización, saldrán a decir que el servicio ha mejorado y eso es cierto, pero, no olvidemos que todas las obras de reposición y ampliación de redes de agua y alcantarillado, se han financiados con recursos públicos, la mayoría, provenientes de la nación, otros, de las arcas municipal y departamental, porque la concesión no ha puesto un solo peso para optimización.

Sólo basta con reconocer la extraordinaria obra que se hizo en la planta de Sierra Chiquita, en la administración del Padre León Pereira (QEPD), quién gestionó los recursos con el presidente de la época Ernesto Samper Pizano, sino estoy mal, unos 5 mil millones de pesos, con lo cual se amplió la planta de captación, una obra que algunos catalogaron como la ‘ciudadela de agua’ y que proyectó a más de 20 años la expansión del servicio y el crecimiento de la ciudad.

Gracias en buena parte, a esa obra majestuosa, hoy contamos con agua las 24 horas del día en un excelente nivel de presión.

Para sorpresa de todos los monterianos, un día cualquiera, la administración municipal, amplía el plazo de la concesión de PROACTIVA AGUAS DE MONTERÍA, mucho antes de que finalizara.

Es decir, le renovaron el contrato de alquiler ‘simbólico’, varios años antes de que feneciera, sin  un estudio serio, sin un análisis profundo sobre su impacto en las finanzas públicas, lo que significó un aumento en el valor accionario de dicha empresa, que ni corta ni perezosa, procedió a venderla a los franceses y surge VEOLIA, la nueva redentora monteriana.

No soy un detractor de lo privado, pero creo que hay temas que son inherentes a lo público. Pienso que servicios como el agua, el alcantarillado, el aseo, el alumbrado público, la salud, deben estar en manos del estado, no sólo porque son esenciales para la vida, sino porque no existe competencia de mercado para ellos y eso, de ‘primerazo’, es un acto injusto ante el resto de comerciantes e inversionistas, que deben enfrentar duros escenarios de competencia, gastar en mejoramiento continuo de sus productos, para poder mantenerse ‘vivos’, en el competido mundo de la oferta y la demanda.

Pero,  ¿quien compite con Veolia? ¿Con servigenrales? ¿Con ELEC S.A.? Absolutamente nadie. Esta situación se agrava, porque el usuario queda desprotegido ante un orangután de semejante tamaño.

Los usuarios, que sienten lesionados sus intereses, saben que jamás les darán la razón, pues parece que entidades como la superintendencia de servicios públicos, jugaran más a favor de las empresas prestadoras de servicios públicos, que de la ciudadanía misma.

Hace poco, Veolia y Servigenerales le pusieron la cereza al pastel, facturando doble el pago de los servicios de aseo y alcantarillado, en medio de la más crítica situación humanitaria de que se tenga memoria, por causa de la pandemia del coronavirus. Este hecho espeluznante, se convierte en una infamia, en el más vil ultraje contra una comunidad indefensa.

Comunicados justificando lo injustificable han salido de estas empresas, aduciendo que fue un error que detectaron y que lo van a corregir, cuando todos sabemos, que fue la misma ciudadanía y algunos medios de comunicación los que alertaron sobre el hecho, por lo que se colige, que de no haber sido así, el asunto hubiera pasado ‘de agache’ y hubiéramos quedado ‘clavados’ y sin nada que hacer al respecto.

Una de las cosas que ha quedado al desnudo en medio de la crisis por el coronavirus, es la flaqueza económica de nuestros entes territoriales, cuyos únicos ingresos se derivan de los giros que entran por SGP y regalías y los impuestos propios (predial, industria y comercio, rodamiento y sobre tasa a la gasolina, entre otros), los cuales se vienen al piso por el confinamiento y la quiebra de los municipios es inminente.

Es inaplazable el debate sobre municipios productivos, es imperativo que los entes públicos recuperen su primacía constitucional y asuman, como les corresponde, por ley y por norma constitucional, la prestación de los servicios inherentes a la vida, es imperdonable que se sigan prolongando en el tiempo concesiones, sin el más mínimo reparo, solo por las prebendas y canonjías que ofrecen dichas empresas a quienes tienen la potestad de tomar tales decisiones.

Un solo ejemplo sirve para ilustrar este tema: Medellín y Antioquia. Empresas Públicas de Medellín, le genera ingresos a la capital de la montaña por más de un billón de pesos anuales (más de lo que representa el presupuesto de Montería), la FLA (Fábrica de Licores de Antioquia), la que produce el Ron Medellín y el Aguardiente Antioqueño que nos ‘mamamos’ aquí, representa una cifra similar para este departamento, sin mencionar los impuestos, las obras sociales y los empleos altamente lucrativos que genera.

Es imprescindible que nuestros entes territoriales se vuelvan productivos, lo que de contera acabaría con los atropellos y ultrajes de las empresas concesionarias, se acabaría esta forma terrible de lucro para algunos, con el sufrido bolsillo de los ciudadanos y nuestro municipio capital se volvería sólido y corpulento, financieramente hablando, pudiendo utilizar, las multimillonarias ganancias, que hoy se van para los bolsillos de unos pocos, en obras para toda la ciudad y su zona rural, en programas de apoyo al emprendimiento, en desarrollo del campo, en educación, progreso y bienestar para todos.

Señor alcalde Carlos Ordosgotia, ha llegado LA HORA DE LA EMANCIPACIÓN.


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Por: Francisco Martínez Ferreira

Francisco Martínez Ferreira

Periodista


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