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La cuarentena del autocuidado

La cuarentena del autocuidado

Para prevenir el contagio del Coronavirus mi familia y yo cumplimos al pie de la letra, el protocolo y medidas, aunque poco eficaces e inequitativas, establecidas por el régimen que fomenta el pánico y la desigualdad social.

Incluso, he seguido el ejemplo del presidente de encomendarse a los santos y al mismo Dios, si fuese necesario.

La falta de una vacuna que ayude a evitar el mortal virus, un país con un sistema de salud destruido por décadas de privatización, precarización, dónde la salud no es un derecho fundamental, sino, un vil negocio del sufrimiento, una mercancía lucrativa y corrupta, con poca capacidad de respuesta, y que, en caso de empeorar la situación, colapsaría.

Si a esto sumamos el miedo infundido a la muerte desde antes de nacer, nos encontramos ante un panorama, nada halagüeño, negativamente alarmante, que nos obliga, con urgencia, a buscar otras maneras de hacerle el quite al virus de la muerte.

Independientemente, si el coronavirus es una guerra biológica o una enfermedad natural. O si, el origen del síndrome respiratorio está en los murciélagos o es material genético nunca antes identificado y que no está vinculado a ningún virus animal o humano conocido, lo que somos nosotros, entraremos en la cuarentena del autocuidado.

Luego de ver, oír y leer tanta información a cerca del virus de la muerte, nos llamó poderosamente la atención, la afirmación del presidente de los colombianos, «Yo tengo en mi despacho un cuadro de la Virgen de Chiquinquirá, la patrona de Colombia. Esta mañana me desperté pidiéndole a la patrona, que nos consagre como sociedad […] que nos dé salud para poder guiar los destinos de la Nación. Créanme que la patrona nunca nos ha abandonado».

Está afirmación, nos llevó a meditar, porque los buenos tiempos son para aprovecharlos, cómo hacen las élites plutócratas del planeta sacando la mayor ganancia de la crisis.

Los malos tiempos son para meditar, cómo hacemos los empobrecidos del mundo en momentos de crisis.

Siguiendo la ejemplar propuesta del presidente, nos encomendamos a los más de trescientos sesenta y cinco santos beatificados por la iglesia católica. Compramos estatuillas de cada uno, porque, cada día del almanaque gregoriano tiene su santo y a veces hasta más de uno.

Así que lleguemos a casa, santificados. Cada santo fue instalado en lugar privilegiado, con su veladora encendida, su cepo de madera para echarle la limosna a cada uno por igual, eso sí, al santo patrono de la fecha, le aumentábamos la cuota.

Cómo eran muchos, desde temprano iniciábamos los rezos, porque, santo que se respete, tiene su oración, y ninguno es hijo de menos madre.

El Toque de Queda, iniciaba a las ocho de la noche como medida temporal, que ojalá no se eternice como el cuatro por mil.

Según las autoridades, el virus nocturno sale a las calles a infectar a sus víctimas, después de ocho de la noche hasta las cinco de la mañana. Al igual que los vampiros, debe recogerse antes de salir el sol.

Una de esas noches, luego de taponar todos los orificios que dan al exterior, mientras rezábamos, pidiendo a los santos que el virus no entrara a casa, se escuchó el sonar rutinario de las botas de seguridad, patrullando el barrio.

Ocultos en el refugio humanitario, observamos a las Águilas Negras buscando al temible virus respiratorio, deteniendo con la mano negra a jóvenes y adultos infractores del Toque de Queda u sospechosos de portar el virus.

De inmediato, los reportaban a las autoridades y paso seguido, puestos en cuarentena, en una fosa común.

Cuando, en esas, andábamos, uno de los santos estornudó y ahí, la de Troya. Un escuadrón de Águilas que patrullaba el sector con las autoridades, señalaron la casa, y sin mediar palabras, se metieron por arriba, por abajo, por atrás, por delante, de adelante para atrás y de atrás para adelante. Los santos antivirus no tuvieron escapatoria, el virus de la muerte entró en casa.

Mi familia y yo pudimos escapar del virus de la muerte, pero los santos fueron retenidos, acusados de rebelión y enviados al santo sepulcro, para evitar la propagación del virus respiratorio, y dar parte de victoria.

La guerra contra el coronavirus se estaba ganando, porque las Águilas Negras no están en cuarentena.


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Por: Edwin Doria

Edwin Doria

Artista


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