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Justificando dislates

Justificando dislates

Día con día vemos como gobiernos de poca monta, lo que termina por demostrarse, normalmente barnizados de populismo, recurren con frecuencia inusitada al engaño y autoengaño, como mecanismos baratos de defensa para justificar sus disparates, creídos que hacen lo políticamente correcto, amparados en un ejército de áulicos al lado y un sinnúmero de seguidores que los secundan.

Fomentan el caudillismo, el abuso del poder, convierte a los gobiernos en mentiras de ojos azules, que además disfrazan con máscara de democracia, al tiempo que generan desiguales condiciones en relación con los otros ciudadanos sensatos que nos los siguen ni se prestan para su juego en cuanto a clientelismo político y corrupción.

Pregonan, contra toda evidencia, que ha sido extraordinario, entre otros logros y realizaciones, su manejo de la economía; de la administración, gestión y gerencia públicas; así como del orden público, la infraestructura, la seguridad, el empleo, la educación, la salud, lo cual reiteran en cada oportunidad que se les brinda o afanosamente buscan. Afirman voz en cuello y sin ninguna vergüenza, que lo de ellos ha sido lo mejor. Que nunca han incurrido en sobornos, ni causado perjuicios a nada ni a nadie. Gracias a esos mecanismos, quienes los siguen con santoral devoción se ciegan ante las verdades de la escandalosa corrupción y demás desmanes, lo mismo que insisten con embaucadoras manifestaciones para oponerse a lo una y más veces demostrado en su contra.

Es bien sabido, que una variedad de la mentira estriba en blandir casos de corrupción de anteriores administraciones para relativizar las michas y más de los últimos gobiernos por ellos manejados. Ni siquiera se perturban por las cifras gigantes que manejaron en contratación pública a la sombra de baladíes justificaciones; ni con el dejar hacer, dejar pasar de los entes de control, fiscalizadores y autoridades a su disposición a cambio de jugosas prebendas, con que contaron.

Les basta con afirmar hasta la saciedad y con proverbial tozudez que antes también se produjeron casos de corrupción, con el fin de justificarse y hacerse los desentendidos ante los miles de malos manejos e ilícitos enriquecimientos a su haber. Engaños y autoengaños es su putrefacta y consabida consigna. Menos mal hoy, es cada vez más la gente que ya no cree, y se ha apartado conscientemente ante la sarta de mentiras en que las habían tenido por años. Mentiras que combinadas con gran cinismo dieron resultados y fue así como se dieron maña para mantener entre sus adeptos a muchos incautos de buena fe quienes creyeron había llegado para nosotros las reivindicaciones que necesitamos con urgencia. Realidades y no engaños es lo que requerimos.

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Por: Rubén Ceballos

Rubén Ceballos

Abogado Penalista.


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