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FLOR DE AMOR, UNA PLANTA QUE NO DEBE DESAPARECER

FLOR DE AMOR, UNA PLANTA QUE NO DEBE DESAPARECER

Me había dado a la tarea de buscar un árbol de Flor de Amor y para tal efecto busqué e indagué en varios municipios. Empecé por Ciénaga de Oro, donde El Negro Chandía y Oscar Louis Lakah me habían dicho que existían unos en el parque o en las cercanías de la Casa Cural. La verdad fue que llegué tarde porque ya los habían talado.

Esta planta que en mi juventud adornaba y aromaba los frentes de las casas de Chinú, mi pueblo, parecía haber desaparecido o estar en peligro de extinción, engrosando la estadística de más de150 especies extintas en Colombia. No quiero pensar que esta maravilla natural, de un exquisito perfume, que inundaba ciertos sitios de mi pueblo en los frentes de las casas solariegas o patios misteriosos, en noches románticas de luna llena, pueda desaparecer. No en Córdoba, en mi Córdoba o en Sucre o en toda mi sabana.

No existen registros de este perfume con raíces, ni en Wikipedia, ni en páginas especializadas de internet. Quizá esté registrado con algún nombre científico, pero nada. Del flor de amor, nada Con total desazón y un presentimiento de otra tragedia medioambiental en ciernes, me dispuse a escribir sobre su posible extinción, solicitando información de alguien que viera una. Del último que tuve conocimiento fue de un árbol frondoso que aromaba la circunvalar en la esquina de la calle 36, pero los “leones sordos y sin olfato” lo talaron. Hoy en calles y avenidas sólo pululan árboles de Nim, una especie que intoxica a todo lo que toca, en cuyo tronco o ramas ningún ave o insecto osa pararse porque es tóxico, como el alcalde que los mandó sembrar por conveniencias.

Pero bueno, en esas andaba cuando le pregunté a mi hermana Rosario, en Chinú y ¡albricias! en Chinú todavía hay un arbolito en la casa de Ovidio Hoyos y, al parecer, en otros sitios. ¡Qué alegría! Apenas pueda viajar a Chinú, llegaré donde Ovidio para felicitarlo por conservar esta maravilla, a la vez que le imploraré que no lo corte. Le agradezco a Rosario y a Ovidio por permitirme las fotos que hoy presento.

Es que esas flores me traen los recuerdos más gratos de mi pubertad, cuando la metíamos en un frasquito de Alhucema y mojábamos el pañuelo para que la chica que nos gustaba sintiera el aroma de alguien que estaba dispuesto a amarla. Claro, que algunos iban más allá y le echaban un corazón de pis (colibrí) disecado que daba mejores efectos.

No sé de qué modo harán los alcaldes del 2020 para resembrar en parques y sitios de interés municipal estos perfumes naturales de nuestra tierra, porque el Flor de Amor es una planta que no debe desaparecer jamás.

*publicado en Facebook


Por: Jorge Otero Martinez

Jorge Otero Martinez

Periodista Cordobés


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