Es así de simple: “la violencia contra la mujer no tiene ninguna justificación”

Es así de simple: “la violencia contra la mujer no tiene ninguna justificación”

Escribo estas líneas en una mezcla de rabia, impotencia y tristeza profunda… mientras contemplo las imágenes que compartió recientemente Las2orillas sobre la golpiza de un troglodita a una princesa. Imágenes que afectan con toda seguridad la sensibilidad del público, y bien hecho que millones de personas no pasemos de largo ante un episodio que se repite día a día en cualquier rincón de este hemisferio, tan proclive al machismo, los falsos amores y la celotipia o celos obsesivos que degeneran en actos violentos.

Todas las mujeres son de hecho unas princesas, y no es ridículo y mucho menos ramplón recordar la famosa frase: “una mujer no se toca ni con el pétalo de una rosa”. A una mujer se le toca con el amor, con besos del corazón, con poemas, flores, detalles y lluvia de palabras sinceras que derrumben barreras, las conquiste, enamore y las haga sentir lo que realmente son: lo más hermoso bajo el sol en cuanto son dadoras de vida, emisarias de la divinidad, santuario de lo bello y el eterno femenino.

Estas líneas las escribo en la alborada del día del amor y la amistad… dones y estados emocionales y espirituales cada vez más escasos en un mundo materialista, falso, hipócrita, violento, que tergiversa el amor y lo convierte en una manifestación del propio egoísmo, del apego y del más bajo de los instintos entre los mamíferos: el instinto de territorialidad. Es imposible que el amor florezca en el terreno mezquino del deseo de poseer en exclusiva a la persona que supuestamente se ama, porque el amor solo florece en el campo ilimitado de la libertad. Si un hombre enjaula a su pareja la convertirá en una bella ave del paraíso que de a poco morirá de tristeza. Por eso el hombre que agrede a una mujer cegado por los celos, realmente no la ama, simplemente es un energúmeno que se encoleriza si su juguete, si su objeto es admirado o deseado por otro. O se enloquece si su objeto o su juguete quiere pertenecer a otro u otros. He usado a propósito las palabras “objeto”, “juguete” y “pertenecer”, porque en su terrible ignorancia el hombre machista y celoso cree que su amada es una cosa suya, una posesión suya. Lo que sí es cierto es que ni siquiera uno se pertenece a sí mismo, si acaso a la vida que nos convocó a esta dimensión y al destino que nos arrebata la misma vida cuando le place. ¡Qué escaso es el amor en un mundo que se acostumbró a las apariencias y a los disfraces, todos ridículos y todos falsos! acudir a la más mínima actitud violenta de palabra o de obra. Ese acto “infiel” nació de una decisión libre y soberana de un ser humano, y como tal puede no compartirse y ser motivo de separación, pero jamás puede convertirse en una excusa para profanar con violencia el santuario divino que es cada persona, y más aún si es un cuerpo femenino. No estoy haciendo una apología de la infidelidad, más bien esto es una apología de la libertad, del respeto, de la tolerancia, de la búsqueda en nuestro interior del amor verdadero, y esto es de hecho una redundancia porque el amor es la verdad, y donde habita el amor no existe ni la mezquindad ni la mentira ni el egoísmo. El que ama de verdad es feliz aún si no es amado, aún si su amada es feliz con otro. En primer lugar deberíamos aprender a amar, y en segundo, poner como regla de juego en las relaciones interpersonales la lealtad y no tanto la fidelidad, pues la fidelidad es siempre consecuencia de la lealtad y no a la inversa.

Desconozco los móviles de la golpiza de aquel cavernícola a nuestra actriz Eileen Moreno. Eso no me interesa… pero sí el paisaje triste que contemplo: la belleza aporreada, el eterno femenino herido, el amor masacrado, el sentimiento destruido, el desamparo en los ojos, la mirada extraviada en la perplejidad de verse víctima de quien decía amarla… la decepción abismal y esa confusión que como una vorágine arrasa con lo más puro que puede encerrar un corazón, un corazón de mujer.

Hoy nos conmovemos porque es una bella mujer de la farándula, y de paso admiramos la valentía de Eileen Moreno de hacer pública su denuncia… pero como Eileen hay miles de mujeres en nuestro país y millones en el mundo que padecen en silencio las consecuencias de tener al lado a un hombre que las cosifica hasta el maltrato verbal, físico y psicológico. Que otras valientes se unan a la causa, hasta que se llegue el día de “ni una más”. Veo muy lejano ese día, pues la incultura latinoamericana promueve la manipulación, cosificación y violencia en contra de la mujer, sobre todo desde la música popular, esa que escuchan millones de hombres primarios: el reguetón, la ranchera y la llamada música de despecho. La televisión también pone su granito de arena en esa mentalidad oscura que se va forjando en algunos atarbanes que se creen muy machitos golpeando a las mujeres, y no digo sus mujeres, porque nadie es de nadie… El que golpea a una mujer es el más vil de los cobardes… es un remedo de hombre, y quizás ni merezca llamarse hombre.

Publicado en: Las 2 Orillas


Por: Juan Mario Sánchez Cuervo

Juan Mario Sánchez Cuervo

Licenciado en Español y Literatura de la Universidad de Antioquia.


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