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En memoria de Álvaro Corena Escorcia

En memoria de Álvaro Corena Escorcia
Eliécer Doria Ferrer

Por: Eliécer Doria Ferrer

Por: Eliecer Doria Ferrer
Bogota. Ante su querida familia y ante sus compañeros y amigos se encuentra hoy su cuerpo sin vida.

Su alma ya transita por la infinitud del Universo y, junto con su amada Faustina, nos sonríe desde la eternidad.

A comienzos de la década del 60 Bogotá era la meta obligada de quienes desde las regiones eran desplazados por la violencia o se autoexiliaban en la búsqueda de los nuevos caminos que se abrían para América Latina con las voces de la triunfante Revolucion Cubana.

Desde las tierras del Sinú, el joven intelectual fue uno de los primeros en llegar a la entonces lejana e inaccesible Capital de la República.

Acá se convirtió en una especie de Cónsul Pedagógico que recibía a los demás coterráneos y los inducía a comportarse conforme a las reglas convencionales para que los recién llegados no pudieran ser discriminados por su lenguaje agropecuario.

Ese detalle es relevante porque marca el perfil del gran educador que fue Álvaro Corena Escorcia.

Pronto puso al descubierto que en la década del 60’s, Bogotá, en materia de educación, era un peladero que lo único que lo distinguía de las otras ciudades era que contaba con luz eléctrica permanente y una pleyade de intelectuales soñadores, pero inconsecuentes.

Y como en física y matemáticas la ley de las afinidades electivas son un verdadero axioma, Álvaro, de la mano de Faustina Gutierrez, una revolucionaria tolimense de raca mandaca, y de otro grupo de intelectuales promueven una verdadera revolución educativa en Bogotá.

De allí surgieron instituciones como el combativo y combatiente Colegio José Marti, las Cooperativas Educacionales, los principales Colegios de nivel internacional y lo que fue su obra maestra, la Universidad Autónoma de Colombia.

La revolucionaria obra educacional de Álvaro Corena es y será para Colombia imperecedera y motivo de orgullo.

Álvaro, con la serenidad y modestia que lo caracterizaban, una vez consolidados esos sueños, se encontraba haciendo uso del merecido reposo que le corresponde a todo guerrero de la vida.

Álvaro es un verdadero héroe de esta convulsionada patria.

Y como héroe, lo despedimos sonrientes , orgullosos, agradecidos por haber existido entre nosotros y con un vibrante aplauso.


 


Eliécer Doria Ferrer

Eliécer Doria Ferrer

Analista Político.


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