En el cuerpo o en el alma

En el cuerpo o en el alma

Mañana triste, nueve de la mañana, atrio de la Catedral San Jerónimo de Montería. Los higos lloran, añoran las chamarías. La escena desgarradora; la foto del muchacho inocente estrenando su uniforme militar, su padre le miraba y abrazado con la bandera de Colombia se secaba esas rabiosas lágrimas. No hay palabras: jamás se borrara de mi memoria. Una más de las tragedias familiares que produce la demencia secuencial del terrorismo. El Cadete Iriarte no volverá a soñar con las playas de San Bernardo del Viento; sus ilusiones, como el pueblo donde nació, se las llevo el huracán de la violencia.

Me enseñaron en mi escuela de post-grado, Instituto Neurológico de Colombia, la pregunta clave para entender la semiología neurológica. EL kínder de nuestro primer año de entrenamiento, llegar a responder esta pegunta: ¿dónde está la lesión: en el cuerpo o en el alma? Así podíamos entender porque algunas lesiones estructurales cerebrales tenían como manifestación inicial una alteración comportamental: violencia en el prefrontal, lenguaje en el temporal, agnosia en el lóbulo parietal. El cerebro es tu personalidad.

¿Estará en el cuerpo? Es en el cerebro el sitio donde están sembradas las raíces de esta violencia que ha sacudido la patria los últimos 100 años. Reaccionar ante el disenso por las vías de hecho, saltándose todas las riendas del control frontal y dinamitando las columnas morales —soportes— de nuestros principios. Reemplazar la dialéctica y la oportunidad que da la democracia por voladuras, secuestros, terror y sangre inocente derramada. Asaltar la convivencia y aniquilar futuro: la propuesta de estos individuos. ¡Están muy enfermos!

Refugio mi ira en los textos; repaso los estudios de neurociencias que, bajo el método científico, han investigado esta patología tratando de entender el gen de la maldad. Encuentro identificadas la carencia de dos de ellos MAO-A y el Q20. Ellas son responsables del metabolismo y del equilibrio de los neurotransmisores serotonina y dopamina. Los psicópatas tienen carencia de estos y hacen que estos individuos reaccionen en forma irracional. Sigo buscando y me estrello con lo desconocido e inexplicable: el muro del oscurantismo científico. No encuentro más argumentos en el cuerpo que me permita entender que sea el cerebro el origen de tanta vileza.

Voy al alma, el templo de nuestros valores morales: La escaneo: solo veo imágenes de maldad y crueldad. Están escritas historias de destrucción y caos. Hay novelas donde los capítulos de daño ecológico, hogares deshechos, niñas violadas, adolescentes mutilados son los protagonistas. Desgracias por todas partes.

Pero si examino esa alma, ¿encontrare algún aliento de dignidad? No debe existir espíritu de decencia o de respeto. La condición de ser humano no ha llegado y la piedad escapó despavorida.

Es el alma de los terroristas, esos delincuentes de las emociones corrosivas bien descritas en el libro de Morgado.


Por: Remberto Burgos de la Espriella

Remberto Burgos de la Espriella

Neurocirujano Cordobés


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