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¡El que somatiza pierde!

¡El que somatiza pierde!
Juan Gabriel Sánchez Castellón

Por: Juan Gabriel Sánchez Castellón

De un modo genérico, el término somatización se refiere a quejas físicas que ocasionan malestar, en ausencia de hallazgos clínicos que permitan justificar una causa orgánica.

Es decir, malestares físicos sin ninguna causa externa real o sin estar realmente enfermo (Todo es mental). La somatización algunos la definen como «la manifestación de síntomas físicos de un problema psicológico», entre otras cosas la somatización está contemplada en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría de Estados Unidos.

En mi trabajo pastoral y científico mucha gente se acerca buscando orientación espiritual y académica, y en estos tiempos de pandemia la ansiedad, el estrés y la incertidumbre gobiernan los corazones de muchas personas.

Un día cualquiera se me acerca una mujer de creencias cristianas muy preocupada porque presentaba hace cuatro días dolor de cabeza, malestar en la garganta, dolor en las piernas y congestión nasal.

Ella pedía oración porque tenía miedo que estuviera contagiada de Covid-19, ya que un médico le había dicho que todo esto era síntomas del coronavirus. Mi sugerencia después de orar por ella fue que se hiciera la prueba rápida de detección del virus y así salía de dudas.

El mismo día se hizo la prueba y mientras veía el examen sus manos temblaban de la ansiedad hasta que al fin pudo observar el resultado: Negativo para Covid-19, sorprendentemente la mujer entró en un estado de tranquilidad y de paz que a los dos minutos el dolor de cabeza desapareció con todos los otros síntomas ¿Pero entonces, que la estaba enfermando? ¿Por qué estaba tan mal de salud?

La respuesta más lógica es que fuera una enfermedad mental, o tal vez un simple resfriado se convirtió en un Covid-19 en su cabeza, es decir al tener gripa y sumarle ansiedad y preocupación, somatizó un coronavirus irreal, esto me hace pensar que ¡El que somatiza pierde!, pierde paz, pierde tranquilidad y pierde salud, como decían nuestros abuelos «a la gente la mata la pensadera».

En una entrevista de la BBC Mundo con Emiliano Villavicencio, psicólogo y jefe de posgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad de La Salle en Ciudad de México, el especialista alerta sobre la situación actual y cómo el miedo a la emergencia sanitaria ocasionada por el coronavirus puede originar sus síntomas en algunos pacientes, «En la somatización, si el paciente cree que le duele la cabeza, es porque realmente le duele, solo que la explicación de este dolor es psicológica», explica Villavicencio.

No me quiero imaginar qué le pasaría a un diabético o un hipertenso con un resfriado normal que piensa que tiene Covid-19, tal vez se le puede subir el azúcar o aumentar la presión sanguínea solo por la misma preocupación.

Y si a esto le sumamos la inoperancia de las EPS para hacer las pruebas y la presión terrorífica o más bien catastrófica que ejercen sobre las mentes algunos medios de comunicación (ya que sobreexposición a las noticias sobre el coronavirus está detrás de la aparición de cuadros psicosomáticos, explica Villavicencio), es posible que el estado de salud de una persona empeore o tal vez esa persona no contagiada termine yendo a los centros de salud solo por su preocupación interna y termine contagiada realmente del Covid-19. ¿Existe la posibilidad? Yo creo que, ¡sí es posible!

Y entonces, ¿qué puedo hacer cuando me sienta enfermo o cuando tenga miedo de estar contagiado por Covid-19?

Además de hacernos la prueba, lo antes posible, para salir de duda, las sagradas escrituras nos invitan a pensar en lo bueno antes que lo malo, en lo positivo antes que lo negativo, a no ahogarnos en un vaso de agua sino a descansar esperando la respuesta en Dios.

Filipenses 4, 8: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad».

Es decir que podemos controlar nuestros pensamientos precisamente pensando en lo positivo, y no hablo del popular ‘positivismo oriental’, es que Dios es bueno y nada malo me pasara si Dios está conmigo, recuerda Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?


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Juan Gabriel Sánchez Castellón

Juan Gabriel Sánchez Castellón


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