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El 'manisero', un adiós sin razones

El 'manisero', un adiós sin razones

Un día cualquiera los salseros de Montería anochecieron damnificados de su emblemático sitio de concentración melómana.

El ‘manisero’ había desaparecido como por arte de magia de la faz de la zona rosa más popular de la capital de Córdoba: La 41.
Llegar a este sitio, era pisar el templo de la intensidad de la música afroantillana, pero más allá, era deshacerse del estrés cotidiano exterior para aterrizar en la pista de un ambiente de tertuliadero familiar, acogedor como ninguno.
Políticos, jueces, docentes, empresarios, comerciantes, periodistas, deportistas, turistas y personas del común, hacían parte del -club maniserista- con la atención amable de los meseros, y por lo regular, personalizada de su propietario, el popular Jairo Sánchez.
Daba gusto observar a las infaltables dos o tres muchachas de turbulencia inigualable, frotar contra la baldosa sus ajustadas y estaconadas zapatillas, de donde parecían explotar chispas multicolores que encendían el escenario.

Y que decir de José, el octogenario vende sombreros, piel de ébano y de cabeza cana como las motas de algodón que se cosechan en el sinú, acompañando con su pertinaz cencerro la música que fluía del potente equipo, ubicado en el ‘despacho’ del príncipe de la salsa.
Héctor Lavoe, Oscar De León, Frankie Ruiz, Ruben Blades, Celia Cruz y toda la pléyade de intérpretes de su majestad la salsa, hacían insuficiente el bailadero, ante el frenesí de los danzantes. Eran momentos eternos, gracias a la magia de este género musical, que no solo divierte, sino que es el mejor tonificante para dosificar los latidos del corazón.
El ‘manisero’ no ha muerto, el ‘manisero’ brinca y salta en la memoria de sus contertulios.

 

 


Por: Maria Isabel Cabarcas Aguilar

Maria Isabel Cabarcas Aguilar

Hija de Dios, Mamá de MADJ, orgullosamente de La Guajira, enamorada de la vida y defensora de causas justas. ❤️ animales, naturaleza, cantar y cocinar.


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