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De mi diario personal, con sabor a Porro Palitiao

De mi diario personal, con sabor a Porro Palitiao

Mi niñez fue marcada por mi abuelo, un hombre de tez blanca, ojos azules de una sonrisa que nunca se me olvida, para el yo sería como su gótica de cielo, crecí entre el patio grande de la vieja casona donde jugaba con tierra, corría y era mi mundo pues en ese entonces era hija única, nieta única, sobrina única y el único amor de mi padre, vengo de una tierra donde el matriarcado gira en torno a todo, mi abuelo enviudo cuando mi mamá tenía 8 meses, era tan grande el amor que le tenía a María Leandra mi abuela que nunca se volvió a casar, nunca superó el hecho de perderla tan joven y ahogaba sus penas en el licor llorando desconsoladamente la terrible perdida, recuerdo que desde niña me abrazaba y lloraba diciéndome – tu abuela estuviera aquí, cargándote y haciéndote vestiditos- siempre recuerdo esa frase, lo vi sufrir muchos años, cada día se apegaba más a sus hijos Ricardo, Henry y mi mama, una familia muy corta, pero giraba en torno a mi abuelo.


Fui creciendo y encontré en el las 20 mil historias de nunca acabar y sus cuentos eran para mí las fantasías de toda una niña en un mundo de princesas, me criaron con mucho amor propio los hombres de la familia y cada uno puso en mi un valor del cual hoy en día me veo reflejado en mis tíos, mi abuelo y mi padre, mi abuelo era un hombre solitario pero a la vez rodeado de amigos, entrañables amigos como David Sánchez Julio, Gabriel García Márquez, Calixto Ochoa, y eso me llevo a mí a valorar desde muy niña la pasión por la literatura, no solo me la narraban, sino que me leían en sus propias voces, conocí a Margarita Chica la protagonista de Crónica de una Muerte anunciada, vecina de mi abuelo y la que nunca me canse de preguntarle quien le quito la virginidad si fue el párroco de la iglesia en la mojana o el novio de aquel entonces, muchos desplantes me hizo la vieja, pero yo insistía en jugar el papel de detective. Con David era una conexión de hada madrina, y con Calixto era mi rival en el cuadrilátero pues peleaba mucho con él.

Crecí y fui a parar a la casa de Rubén Darío Salcedo, mi papá le compro la casa, esa misma donde vivió el Joe Arroyo y mis amigas en referencia a la ubicación de mi casa decían llévenme a la casa del Joe, cosa que no sé porque le llamaban así; mi vida ha sido muy marcada por recuerdos bellos y que anhelo que volviesen nuevamente, Mi abuelo siempre me decía que había una conexión entre los dos, talvez porque tenía los ojos de la mujer que había amado tanto y que ese amor lo dejaría marcado para toda la vida, trasmitiéndole a su nieta lo mucho que la amaba y que por vida lo iba a recordar. Mi abuelo murió a las 5 pm, un 16 de abril, era mi cumpleaños. Nunca entendí la herencia que me dejo al morir el día que nací, hasta que me dolió el alma cuando probé por primera vez el dolor.


Por: Nena Botero De Giha

Nena Botero De Giha

Gerente General Tourism Hotels Inmobiliaria Colombia.


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