Consumir en exceso

Consumir en exceso
Foto: Tomada de internet

“Deseo poco y lo que deseo lo deseo poco.”

– San Francisco

En un estudio realizado por la multinacional de recursos humanos Adecco, reveló en qué se están gastando su salario los colombianos. En primer lugar se evidenció que por encima de cualquier otro gasto,las personas están destinando alrededor del 30% de su salario a la alimentación. En segundo lugar, el 20% de su salario es usado para cubrir el pago de los recibos de servicios básicos (agua, luz, teléfono y gas).

Por otro lado, para los gastos destinados al pago de deudas, educación, transporte (carro propio y servicio público), actividades de ocio y compra de ropa, los colombianos gastan el 10 % de su salario cada mes para cada ítem respectivamente. (Revista Portafolio 2017).

Este estudio revela la intencion de compra comparada con la capacidad de compra, lo que nos lleva a la pregunta, si estas cifras son ciertas por que los centros comerciales estan siempre repletos de personas y los centros de entretenimiento en iguales circunstancias. Frente a esta realidad me puse en la tarea de averiguar a travez de otras fuentes que impulsa a las personas a consumir de manera exagerada, incluso hasta el limite de endeudarse por encima de su capacidad y llevar la economia familiar a un estado de endeudamiento imposible de recuperar.

El Blog Bienpensado hace referencia a que el comportamiento humano tiene una característica fascinante y es la capacidad que tiene el deseo de movilizar hacia una acción. Las acciones (aquellas cosas que efectivamente llevamos a la práctica), son impulsadas por lo que realmente nos motiva, cosas que queremos. No solamente cosas que necesitamos. Con demasiada frecuencia los empresarios nos enfocamos en tratar de vender lo que consideramos que la gente necesita, en lugar de enfocarnos en el deseo subyacente de lo que nuestro producto o servicio resuelve, que es mucho más poderoso y que movilizaría mucho más hacia una decisión de compra.

Lo que necesitamos lo hacemos a regañadientes, lo que queremos lo hacemos con emoción y cuanto antes mejor. Por esta razón, en muchos casos la propuesta de valor pareciera no resonar lo suficiente en nuestros clientes potenciales para motivarlos a tomar una acción. Y no es un problema de precio (que es la conclusión a la que rápidamente llegamos, bajarlo); es la forma como estamos comunicando lo que resolvemos. No resuena, no despierta interés, no emociona. Es demasiado general y poco tangible.

Las emociones han reemplazado entonces la racional decisión de la compra, lo que explica el alto endeudamiento de muchos de nosotros. Estamos siendo esclavos de nuestros deseos y esto peligrosamente pone en riesgo nuestra economía familiar. No quiero por supuesto satanizar al mercadeo por su intención premeditada por lograr resultados, estoy llamando al equilibrio en las decisiones, nos puede emocionar tener muchas cosas, pero es prudente preguntarse que tanto las necesitamos, que tan útil seran una vez las tengamos en nuestro poder, de esta manera la forma desaforada como muchas personas compran, sera reemplazada por una decisión mesurada que acompañada por las emociones, cumpla una función pertinente.

El comprador inteligente, utiliza estrategicamente sus necesidades y sus emociones, aprovecha las oportunidades del mercado y equilibrar su economía para evitar endeudarse sin posibilidades de responder.


Por: Luis Martínez García

Luis Martínez García

Empresario, consultor en planeación estratégica y sistemas de gestión integral; docente universitario en las áreas de marketing, SIGC, Prospectiva, planeación; Gerente OPTIMIS y GQ Consulting Group.


Compartir en:




Subir