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A PROPÓSITO de... Algunas cosas de la administración pública

A PROPÓSITO de... Algunas cosas de la administración pública

Por William Quintero Villarreal

Al servicio público deben llegar no solo personas debidamente acreditadas en su formación profesional, sino, sin mácula alguna, con una probidad y honorabilidad a toda prueba.

Es verdad que existen riesgos en el actuar cotidiano de las administraciones, pero estos deberán ser minimizados no solo por el funcionario probo sino por sus asesores directos, quienes muchas veces hacen caer en imprecisiones jurídicas a sus «protegidos».

De allí radica la importancia de las funciones de asesor cuya diferencia con el funcionario (empleado de la administración), radica en su independencia y competencia en saber cuando es viable un tema Administrativo, dado que mantiene su autonomía tanto de criterio como de relación laboral.

Ahora bien, la moral, como principio universal aplicable a todos nuestros actos públicos y privados y que todo asesor debe tener, por cuando se encarga de determinar qué conductas son adecuadas en un contexto determinado.

Existe un aspecto fundamental, y es que el funcionario público acepte la asesoría brindada dentro del marco legal, lo que no ocurre en muchas ocasiones. ‘Solo escuchan lo que quieren oír’, con las consecuencias desfavorables por no aceptar las recomendaciones dadas.

Es importante hacer notar que debe conjugarse la idoneidad del asesor con el principio de la ética profesional que es determinante en su conducta para incidir en el desempeño de sus labores.

No es entendible, entonces, que algunos funcionarios públicos de alto nivel se vean inmersos en eventuales conductas que ameritan investigaciones penales a pesar de contar con asesores idóneos.

El riesgo de manejar la ‘cosa pública’ es inherente al ejercicio de esas funciones y estar bajo la óptica de los Entes de Control y de la comunidad hacen que deban actuar con suma prudencia y sin dolo o premeditación al decir de los colegas penalistas.

Los funcionarios, como ordenadores del gasto, deben preocuparse por mantener una conducta que no permita la dilapidación de los recursos públicos y mantener como asesores a personas con suficiente criterio e independencia.

Una vez sucedió que un funcionario insistió en un nombramiento y ante la resistencia de esa persona le argumentó que era necesaria, «te necesito para que me controles». Eso es producto de nuestro ‘Macondo mágico’.

Llama la atención en estos días el pronunciamiento del señor Fiscal General referente al tema de los alcaldes investigados por presunta corrupción en los manejos de los recursos de la emergencia: «No es un proceso de linchamiento a funcionarios. Es un proceso de moralización de la acción pública…»

Históricamente esos mismos hechos se venían presentado en múltiples emergencias por las inundaciones que afectan a las comunidades, pero definitivamente no hay «temor de Dios».

Será que esos funcionarios adolecen de buenos consejeros y ahí, repito de nuevo, deben aparecer los verdaderos asesores, no para ayudar a birlar la ley sino para aconsejar dentro del ordenamiento jurídico, la necesidad de ajustarse a la ley, pero, ante todo, hacer primar el concepto ontológico del funcionario sobre la moral y el pleno conocimiento de la existencia de valores y deberes morales.

Ignorantia facti, non iuris excusatur: Se excusa la ignorancia del hecho, más no la del derecho.

Nota al margen: Nuestro colega Edelberto de la Ossa (hijo) sobre el tema ha expresado que: «El funcionario público no sólo debe estar habilitado legalmente para ejercer el cargo, también, debe estarlo ética y moralmente».

Totalmente de acuerdo con el.


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Por: William Quintero Villarreal

William Quintero Villarreal

abogado


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