100 metros...

En el 2013, 9 años después de ser diagnosticado con Esclerosis Múltiple y de que su médico le dijera que pronto no sería capaz ni de caminar 100 metros, Ramón Arroyo cruzó la meta del Ironman en Barcelona. La esclerosis múltiple es una enfermedad progresiva que ataca el sistema nervioso central, afecta el cerebro y la médula espinal; un paciente con EM en un brote puede perder la movilidad de sus extremidades, el habla la vista, la vida. El IRONMAN es una reconocida carrera en la que los competidores son exigidos al máximo consta de 3,86 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie, los cuales se deben lograr en un tiempo límite de 17 horas. Hacer esta carrera en las condiciones en de Ramón tiene un doble mérito porque es una de las más duras pruebas deportivas, él no es deportista y su enfermedad es de las más dramáticas; pero a Ramón nada lo detuvo, luchando contra lo adverso de su condición logro marcar un hito que le mereció ser honrado con una película en la que se cuenta parte de su historia: “100 Metros”, súper recomendada.

Esta semana la volví a ver, esta vez con mi sobrino, ¡qué vendaval de emociones el que he sentido! Películas como esta me tocan especialmente, porque aunque gracias a Dios mi proceso médico ha sido menos drástico, me ha obligado a vivir los más oscuros días de mi vida, en los que quise tantas veces escapar de mí misma, del mundo, de la vida. Vivir con depresión es un enorme reto en el que cada día la carrera es contra uno mismo, no se persiguen trofeos ni medallas, con vivir es suficiente.

Los pacientes con depresión dejamos de ser, dejamos ir, nos inundamos de temores, de inseguridades, debemos renacer varias veces y no siempre se logra salir adelante. Hace unos días (tal vez meses) en un canal español pasaron un programa acerca de la depresión, el tema llegó a twitter y yo terminé viendo el programa y hablando de depresión con otros tuiteros que estaban viviendo o superando una depresión. La conclusión de nuestro diálogo es que hacen falta espacios para dialogar abiertamente sobre esta enfermedad, hace falta información para saber qué hacer o a quién acudir cuando sentimos los síntomas latentes, sobra morbo para estigmatizar a quienes la padecemos, pero especialmente hace falta mayor sensibilidad social frente a la realidad que tantos de nosotros vivimos día a día.

La depresión, así como los diferentes trastornos mentales son un mundo desconocido para la gente del común, un tema del que nadie se atreve a hablar, sobre la salud mental no existen políticas en Colombia, las acciones que se emprenden son insuficientes y en consecuencia problemáticas como el suicidio, la drogodependencia y otras siguen en aumento, sin que al mundo parezca importarle.

Peor aún, no sólo somos quienes padecemos de trastornos mentales, sino también el conjunto de pacientes de las enfermedades poco comunes como el síndrome de Tourette, la EM, la fibromialgia, el lupus, mal de Parkinson, Alzheimer, osteoporosis, artrosis, enfermedades cardiovasculares, el cáncer, el VIH-SIDA, entre muchos otros, vivimos entre el miedo, los señalamientos, el abandono, la falta de tratamientos oportunos y adecuados, pero sobre todo, vivimos una lucha constante por sobrevivir y necesitamos del apoyo y afecto de nuestras familias, necesitamos servicios médicos eficientes y el acompañamiento de una sociedad más consciente y sensible ante nuestra realidad.

Nosotros seguiremos en nuestra búsqueda de un futuro que exista para nosotros, seguiremos esperanzados con mensajes como los de la película de Ramón, seguiremos haciendo esfuerzos porque el mundo comprenda y sea más compasivo, seguiremos soñando con una mejor calidad de vida, seguiremos apoyándonos unos a otros porque sabemos que somos muchos los seres que vamos rotos por la vida tratando de vivir un día a la vez, venciendo nuestra propia frontera de los 100 metros aún en contra de nosotros mismos.


Por: Milena Bautista

Milena Bautista

Milena Bautista es hija de la ciudad musical; lidera procesos sociales en favor de la juventud. Estudió electrónica por terquedad y derecho por vocación. Su pasión se mueve entre el fútbol, la política y la poesía. Escribe eventualmente sobre las conversaciones que se tejen al rededor de un café con los amigos, esas en las que se empieza hablando de las noticias y termina uno desahogando el alma.


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