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La historia del taxista en Medellín que devolvió 40 millones de pesos

Después de dejar a dos mujeres en el barrio Manrique, al nororiente de Medellín, Álex Fabio Marín oprimió el acelerador y condujo hacia el acopio de taxis donde trabaja la mayor parte del día, ubicado en la comuna 1, Popular. Después de avanzar cerca de 15 cuadras, de reojo, vio una bolsa plástica de color negro. Sin darle importancia la tomó en sus manos y la metió en la gaveta del taxi.

Al llegar al acopio abrió la bolsa. Adentro había unos apretados fajos de billetes de 50.000 pesos, sujetados con unas bandas de cauchos de colores, que en total sumaban 40 millones de pesos. En ese momento en su cabeza comenzaron a atarse varios cabos sueltos.


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Las mujeres que habían dejado el dinero habían abordado su taxi en el sector de La Alpujarra, en el centro de la ciudad. En el viaje hablaban de que gracias a un préstamo, podrían iniciar la construcción de su casa. Después de pagar los 11.500 pesos de la carrera, habían dejado ese dinero en el asiento

Según relata Marín, en su imaginación comenzaron a combatir «el ángel y el diablito» que se posan sobre los hombros en los dibujos animados.

“Todos los taxistas que no tenemos el carrito propio anhelamos poder comprarlo algún día. En mi hombro izquierdo aparecía un diablito que me decía: ‘Acá está la cuota inicial para que compre su taxi propio. Con eso le alcanza para la mitad y después lo sigue pagando con lo que trabaje’”, recrea Marín.

“Pero en el hombro de la derecha estaba el angelito, diciéndome ‘esa plata no es suya, es de la señora que también venía hablando de que iba a construir su casita con el préstamo que había hecho’. Yo le doy gracias a Dios el no haberme dejado llevar por las cosas materiales. Me llena de mucha satisfacción saber que esa señora va a poder cumplir el deseo de su casita”, afirma el taxista.

Con la pesada bolsa en sus manos, Marín habló con sus compañeros del acopio. Según dice, la mayoría le dijo que no dudara un segundo en devolver el dinero, por lo cual decidió no tardar más tiempo y devolverse al lugar exacto donde las señoras se habían bajado. Buscando en su memoria, recordó que una era de contextura gruesa, de edad mayor, y la otra era un poco más delgada y joven.

«Yo le doy gracias a Dios el no haberme dejado llevar por las cosas materiales»

Al llegar al lugar de inmediato reconoció a la más joven, quien con una cara descompuesta, lloraba silenciosamente en la entrada de su casa. Álex se bajó del taxi y le preguntó.

– ¿Le puedo colaborar en algo?
– Amigo, lo que pasa es que dejé una plata en un taxi- le respondió la mujer.
– ¿Y de cuánto estamos hablando? ¿Se acuerda al menos de la placa? – preguntó Álex.
– Eran 40 millones de pesos y no me acuerdo de la cara del señor ni de la placa, de nada – le dijo.

“Yo le dije a la señora que se acercara un momento a mi carro, para ver cómo la podía ayudar. Cuando se sentó en el asiento trasero, le mostré la bolsa y le dije que yo era el taxista que la había transportado. Esa mujer me cogió a picos y casi que me mocha la cabeza. ¡Que rostro de felicidad el de esa señora! Eso es una cosa muy hermosa que voy a tener siempre en mi mente”, asegura el taxista Marín.

«Cuando se sentó en el asiento trasero, le mostré la bolsa y le dije que yo era el taxista que la había transportado»

Después de devolverle el dinero, las mujeres insistieron en darle 200.000 pesos en señal de gratitud. Álex se negó en un principio, pero luego decidió aceptar el gesto. Según Marín, muchos amigos le han reprochado haber devuelto el dinero, pero él no se arrepiente.

“Mi esposa y mis cuatro hijos están muy orgullosos de mí. Yo quiero que el ejemplo que me dieron mis padres, también lo tengan mis hijos”, reflexiona.

Fuente : www.eltiempo.com


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