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¿Quién es Alberto Fernández, el "peronista liberal" y nuevo presidente de Argentina?

¿Quién es Alberto Fernández, el "peronista liberal" y nuevo presidente de Argentina?

Abogado, profesor universitario, amante de los perros e hincha de Argentinos Juniors, el nuevo mandatario argentino llega a la presidencia con los retos de recuperar la maltrecha economía de su país y reducir la polarización. ¿Lo logrará?

Cuando Cristina Fernández de Kirchner anunció, en mayo, que Alberto Fernández sería el candidato a presidente de una coalición peronista-kirchnerista, la noticia sorprendió a Argentina. No solo porque no era usual que una nominada a vicepresidenta anunciara a quien podría ser su futuro jefe, sino porque la relación entre ambos no era la mejor hasta antes de la elección que lo coronó como el nuevo jefe de Estado de los argentinos.


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Aunque comparten apellido, eran pocas las cosas en las que coincidían. Su distanciamiento se dio hace años, exactamente siete meses después de que Cristina fuese elegida presidenta en 2007. En ese momento Fernández renunció a su puesto como jefe de gabinete por fuertes diferencias con la entonces mandataria y su manejo de un paro general de campesinos.

Pero aunque para muchos el nombre de Fernández era desconocido, desde muy temprana edad se vinculó a la política, especialmente en el sector económico. Sus primeros pasos los dio de la mano del presidente Raúl Alfonsín (1983-1989), cuando ofició como funcionario del Ministerio de Economía. Luego fue superintendente de seguros de la nación, en 1995, y director del Banco de Buenos Aires, en 1999. También fundó un centro de pensamiento peronista que se oponía a la visión política que lideraba el expresidente Carlos Menem (1989-1999), quien también abrazaba las ideas de Juan Domingo Perón.

Profesor universitario, compositor de boleros, amante de los perros (su mascota tiene perfil en redes sociales) e hincha de Argentinos Juniors, Alberto Fernández ha sido ante todo un kirchnerista, pero no de la corriente de Cristina. El nuevo presidente ha forjado su carrera política defendiendo el legado de Néstor Kirchner, quien gobernó la Argentina entre el 2003 y el 2007. Fernández ofició como jefe de gabinete del peronista y fue una figura clave en el mandato del fallecido presidente. Era uno de sus amigos más cercanos y se decía que era su mano derecha.

Paradójicamente, Fernández llega a la Casa Rosada en una situación similar a la de su amigo Néstor Kirchner en 2003. Precedido de una de las peores crisis económicas de su historia, el hoy presidente electo hizo parte del gobierno kirchnerista que en los primeros años del siglo XXI recuperó la maltrecha economía argentina. Un logro del que Fernández se ha vanagloriado durante la campaña.

«En el 2003, era un país destruido y claudicante. Cuando veo este presente, que se parece tanto al país que recibimos en el 2003, no le tengo miedo porque volveremos a hacer lo que ya hicimos», dijo al diario “La Prensa”.

Pero si la relación con Néstor Kirchner era excelente, otro era el cantar con su esposa, Cristina. Bastaron solo meses de gobierno de la líder peronista para que ambos tuvieran sus desencuentros, sobre todo en temas como el control de divisas. Su renuncia al gobierno en 2007 fue la primera señal de un rompimiento que se acentuó tras la muerte del expresidente argentino, en 2010. A partir de allí, Fernández no tuvo filtro.

“Es definitivamente un mal gobierno, donde es muy difícil encontrar algo ponderable”, dijo Fernández en 2015 sobre el período presidencial de Cristina, agobiada por investigaciones de presunta corrupción en su gobierno. Pero quizás el cuestionamiento más fuerte se dio cuando, ese mismo año, acusó a la presidenta de haber encubierto a los autores del atentado terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de julio de 1994, el peor en su historia.

Pero Fernández también tiene sus críticos. Hay quienes lo consideran «de poco fiar» por lo camaleónico y haber acompañado durante su trayectoria política a sectores ultraliberales así como a populistas de izquierda como los Kirchner. En su defensa, Fernández ha dicho que se siente “un liberal de izquierda, un liberal progresista”.

“Creo en las libertades individuales y creo que el Estado tiene que estar presente para lo que el mercado requiera. Y soy un peronista. Estoy inaugurando la rama del liberalismo progresista peronista”, aseguró durante una entrevista en junio. De hecho, Fernández ha dicho que no reinstaurará el cepo cambiario, que negociará los compromisos que tiene su país con el FMI y que no planea en el corto plazo retener las exportaciones.

Y ahora que salió victorioso, la pregunta que se hacen los argentinos es quién gobernará, ya que “los Fernández” se han reconciliado. El electo presidente insiste en que las decisiones las tomará él, algo con lo que concuerda Aníbal Pérez-Liñán, profesor argentino de Ciencia política de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, EE. UU.

“Mi impresión es que el objetivo fundamental de Cristina en este momento no es acumular poder, sino más bien protegerse de posibles ataques de sus adversarios políticos”, dice el académico. “Mi sospecha es que Cristina va a permitir que Fernández ejerza el poder sin interferir demasiado”, agrega.

“Cristina sabe que ha mentido y que el memorando firmado con Irán sólo buscó encubrir a los acusados”, escribió sobre un controvertido pacto que firmó la entonces mandataria.

¿Un conciliador?

Una de las lecturas que se le da al resultado del pasado domingo es que Fernández ganó por un pueblo argentino que vivió esta elección como un proceso de catarsis al malestar económico que aflige al país. El presidente Mauricio Macri recibió un castigo y perdió una pelea por privilegiar los mercados al capital social. No bastó siquiera la bandera ideológica con la que ganaron las elecciones en 2015: el miedo al kirchnerismo. El tema no es de poca monta, teniendo en cuenta que la recesión económica es superior al 37 %.

Los retos económicos, por lo tanto, son tarea inmediata para el presidente electo, tal como lo advirtió tras conocerse los resultados: “Los tiempos que vienen no son fáciles”, dijo. Y es que justo un día después de los comicios se implementaron medidas para endurecer el control cambiario. El Banco Central decidió reducir de US$10.000 a US$200 mensuales el monto máximo de compra de divisas, para evitar que se agoten las reservas.

Conciliador, ayer mismo, se reunió con Mauricio Macri en la Casa Rosada, donde planearon el empalme de gobierno para solucionar lo antes posible la crisis. Algo que para el analista político argentino Raúl Aragón es clave.

“Es importante que inmediatamente den una señal de tranquilidad a los mercados y a la sociedad. Esto lo van a tener que hacer en conjunto, van a tener que tomar medidas juntos. El que las toma es el presidente Macri, porque conserva la autoridad para hacerlo, pero Alberto Fernández va a tener que decir que está de acuerdo”, opinó.

¿Cuál es plan de acción de Fernández? Todavía no lo ha hecho explícito, pero en su discurso de campaña pidió una tregua de 180 días a los sindicatos y a los movimientos sociales mientras despega la industria. “Tiene que hacer un acuerdo político muy amplio, pero no solo político sino social y económico. Es una de las primeras tareas que tiene por delante”, señala Aragón, al destacar que ya ha tenido acercamientos con industriales y acreedores.

En cuanto a la fuerte polarización que vive el país, el nuevo mandatario aseguró desde su primer discurso que en su gobierno “se terminaron el ‘nosotros’ y el ‘ellos’”. La tarea que tiene enfrente es tremenda, pues debe subsanar cuanto antes una grieta que se abrió más que nunca hace doce años, con la llegada a la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner.

“La polarización juega a favor y en contra del gobierno. Tanto para Macri como para Fernández. La polarización significa que hay un sector de la población que no cree en el gobierno y está siempre descontando la capacidad del gobierno para lograr buenos resultados y si los hay se lo atribuyen a la suerte y a los factores internacionales”, aseguró a este diario Aníbal Pérez-Liñán, de la facultad de Ciencia Política de la Universidad de Notre Dame.

Para Pérez Liñán, sin embargo, esta polarización también puede traer efectos positivos para el nuevo gobierno de Fernández, pues tiene un capital político importante dispuesto a defender su voto.

“Hay un sector que es fuertemente leal al gobierno y tiende a leer todo en clave optimista, incluso cuando los resultados no son positivos. Eso fue lo que le dio un espacio a Macri para respirar, a pesar de los malos resultados económicos. También creo que esa misma polarización puede darle un respiro a Fernández. Esto, en una situación económica tan complicada puede darle cierto espacio de maniobra”, explica el académico argentino a El Espectador.

El mapa de la región cambia

Hasta el momento, Mauricio Macri era uno de los pilares del denominado Grupo de Lima, conformado por 14 países de la región para hacer presión contra el gobierno Nicolás Maduro en Venezuela. Con el regreso del kirchnerismo, el apoyo que Argentina le brindaba a Juan Guaidó y a la oposición venezolana queda en entredicho, y tendrá que pasar un poco más de tiempo hasta conocer la posición del nuevo presidente. A priori, sin embargo, las cosas pueden cambiar.

Pérez-Liñán afirmó:


“Creo que la coalición que desafió a Nicolás Maduro se está debilitando. La salida de Macri del poder significa que el gobierno de Argentina va a ser más ambiguo con respecto a Venezuela, posiblemente va a ser menos abiertamente su aliado de lo que era en el pasado porque la situación política en ambos países ha cambiado. Aún así, presiento que va a mantener una gran ambigüedad frente a este caso. creo que los pilares de la coalición, que son Brasil y Colombia, van a seguir estando presentes”


Hace un mes, en plena campaña se refirió a Venezuela como un «gobierno autoritario» donde se cometen «abusos», aunque se ha negado a calificarlo como una dictadura. En su momento, Nicolás Maduro le respondió calificándolo de «estúpido», pero el domingo en la noche fue uno de los primeros mandatarios internacionales en felicitarlo por su victoria contra Macri.

Para el profesor universitario, el remesón político traerá también varios efectos secundarios en la postura frente a Venezuela, especialmente en la política migratoria. “Potencialmente el gobierno argentino va a ser menos dispuesto a apoyar a los migrantes venezolanos que están llegando a Argentina, lo cual significa un problema en términos humanitarios”, afirma Pérez-Liñán de la Universidad de Notre Dame.

Otro interrogante es lo que ocurrirá con Brasil, principal vecino y socio comercial de Argentina. Pocas horas después de que se confirmara el triunfo de Fernández, el presidente brasileño Jair Bolsonaro lamentó la que él considera una «decisión equivocada de los argentinos». El argentino, por su parte, nunca ha escondido su simpatía y solidaridad con el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, rival político del jefe de estado brasileño, preso desde abril el año pasado por un supuesto caso de corrupción.

Con hostilidades manifiestas de uno y otro lado, se puede presagiar una relación complicada, con asperezas entre ambos. Por ello, el desafío para el nuevo gobierno de Fernández es enorme. Solo el tiempo determinará si el nuevo presidente reconcilia a su país con el bloque liderado por Nicolás Maduro y Evo Morales, o intentará conservar las buenas relaciones que construyó Macri con países de la región como Brasil, Uruguay, Chile, así como con los Estados Unidos.

Fuente : elespectador.com


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