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Salió en busca de su familia y se quedó pintando

Salió en busca de su familia y se quedó pintando

Por Blanca Berrío Montiel

El sueño de encontrar a su familia llevó a Róbinson Lotero, un artista de 42 años de edad, a emprender un viaje a la deriva desde Medellín hacia la Costa Atlántica.

Su primer destino fue Cartagena, donde se suponía se encontraría con sus parientes que no ve desde hace cerca de 20 años, pero el destino le tenía previsto otra cosa.

Además de hallar a sus seres queridos, el hombre tenía la intención de que el ‘Corralito de piedra’ le sirviera de ventana para que propios y turistas pudieran apreciar su arte: la pintura, oficio que lo apasiona desde los siete años de edad y que ha ido perfeccionando, pues desde hace cinco años pinta con tizas en los espacios públicos.

Por eso, con su maleta llena de tizas multicolores quiso plasmar imágenes religiosas en los andenes de la ciudad amurallada, pero las prohibiciones del distrito turístico se lo impidieron. «En Cartagena el arte no la valoran, no dejan trabajar. Para los artistas no hay oportunidad».

En su relato contó que la Policía de Cartagena le arrebató todos los materiales porque, lo que le explicaron los uniformados, por pintar en el suelo lo podían multar con el pago de 180 mil pesos y 24 horas de cárcel.

Con la ropa y sus pertenencias Róbinson se vino como ‘mulero’ (pidiendo chance en las mulas) pero no contaba con que sería víctima de la delincuencia. Según le contó a Zenú Radio, al pasar por el Carmen de Bolívar, dos sujetos se le subieron al ‘planchón’ de la mula y lo despojaron de sus maletas.

Hace una semana llegó a Montería, con una mano adelante y la otra atrás, como dicen. El balance ha sido bueno, pese a que la primera noche durmió en la calle. «Poco a poco fui comprando los materiales y tengo encarguitos para hacer murales y cuadros. Aquí el arte gusta, lo que pasa es que no hay muchos puntos para uno trabajar y para hacer obras más grandes», dijo el artista, que con lo que se gana le alcanza para pagar su pieza y alimentarse.

Lotero hace memoria y recuerda que la primera imagen que dibujó en las calles de Medellín fue la de la Santa Laura Montoya, de ahí cuanta imagen guarda en su memoria, imagen que plasma a punta de tizas en las calles urbanas, entre ellas, el Sagrado Corazón, la Sagrada Familia y Nuestra Señora de Guadalupe.

Su punto improvisado de exposición de arte callejera es la esquina de la calle 33 con carrera tercera. Allí se concentra, se esmera y dibuja los cuadros que reproducen sus recuerdos. En una caja de cartón espera la generosidad de los que pasan y se dejen cautivar por sus creaciones. No solo recibe monedas o billetes también recibe tizas para seguir dándole vida a nuevas obras.


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