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Música: la delgada frontera entre ‘show’ y ayuda humanitaria

Música: la delgada frontera entre ‘show’ y ayuda humanitaria

Para comenzar piensen en esto: es más que seguro que los camerinos de los artistas tendrán mejores condiciones que buena parte de los campamentos venezolanos en Colombia. Toda ayuda humanitaria siempre tendrá un lado de ‘show’, pero al final muchos dirán que lo que importa es ayudar. Sin duda, hay veces que lo más importante es el objetivo y no los medios. Sin embargo, no deja de ser polémico el inusual interés de una empresa multimillonaria como Virgin por organizar un concierto benéfico en el borde de una frontera entre dos países que comparten similitudes que saltan a la vista.

En este momento, la crisis humanitaria en Venezuela es la publicitada, incluso más ahora que los delirios de grandeza de algunos representantes del Gobierno colombiano con su objetividad encarcelada por su propio ego y megalomanía anuncian una “gesta libertadora”. Pero las cifras en Colombia también son las de una crisis: más de 30.000 desplazados internos y a la fuerza en 2018 (según la Unidad para las Víctimas, Uariv, incluidos 55 eventos de desplazamiento masivo y más de 5.200 familias); más de 12 millones de personas en situación de pobreza monetaria (Dane); un aumento del 30 por ciento en muertes de niños por desnutrición, solo en 2018 (Blu Radio), y de cada 100 colombianos, más de 50 no completan la educación secundaria, y el 40 por ciento de los niños que no asisten al colegio están en zonas de conflicto armado (‘El Espectador’, organización Niñez Ya).

La música siempre ha atendido causas, no es la primera vez ni será la última, y, de hecho, en parte para eso es que sirve: para darles voz a los que no la tienen o para visibilizar problemáticas que se salen de control. Pero ¿debe la música sumarse por su propia cuenta o debe sumarse solo cuando un tercero —en este caso, un magnate inglés y un conglomerado de multinacionales que no está libre de intereses transnacionales— es quien hace el llamado?

Lo de los músicos colombianos que participarán, ¿es un interés genuino o es sumarse al llamado de un oficialismo que posa del lado de la música y al que se le hace jugo la boca hablando de economía creativa en la música, pero que hasta ahora no ha pelado la primera naranja para ese gran banquete que prometió en campaña y que, se supone, iba a beneficiar no solo a los músicos de primera línea comercial, sino a todos aquellos que trabajan con las uñas y casi que bajo tierra?

Hace más de dos o tres años que venimos hablando de Venezuela, que hemos sido testigos distantes de su suerte y, como ciudadanos de a pie —de los que montan en bus y compran empanadas en la calle—, nos hemos dado cuenta de que algo no está bien, y ver en cada semáforo a una familia completa de venezolanos pidiendo ayuda con un cartel entre sus manos nos hace sentir como en aquellos tiempos de la seguridad democrática, cuando estas que pedían ayuda no eran familias de otro país sino del nuestro, desplazadas contra su voluntad hacia las grandes ciudades para que la gente de bien pudiera volver a sus fincas. Es como si lo único que hubiera cambiado de ese momento hasta hoy es el mensaje en la cartulina de quienes claman ayuda.

Pero ¿por qué hasta ahora sí hacer un concierto en la frontera? ¿Acaso antes las ‘condiciones’ no estaban dadas? ¿O es que sin que venga antecedido por un magnate, una multinacional y un gran despliegue mediático no cuenta? Es aún más raro que en épocas en que el cine volvió a poner en boca de todos la palabra ‘queen’ y, por consiguiente, la expresión ‘Live Aid’, que es el punto épico y culminante de la película ‘Bohemian Rhapsody’, entonces se anuncie el Venezuela Aid Live para el viernes 22 de febrero.

De estas gestas ‘libertadoras’ siempre quedará algún dividendo para alguien, ya no vivimos en el mundo inocente del Live Aid original, vivimos en uno contagiado por la desconfianza que han sembrado esos mismos que ahora posan de próceres y que quieren hacer de la música en todo caso la banda sonora de unos logros. De hecho, ningún buen ‘padre de la patria’ ayudaría primero a su vecino antes de socorrer a los suyos, sabiendo que estos también están con el agua hasta el cuello en su propia casa y sin que nadie haga nada.

Fuente:www.eltiempo.com

 


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