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Colombiano en Wuhan habla sobre cómo vive en epicentro del coronavirus

Colombiano en Wuhan habla sobre cómo vive en epicentro del coronavirus

En Wuhan se trata de acorralarlo. Lo asechan en las calles, parques, farmacias, restaurantes y mercados para evitar que continúe su propagación, pues la ciudad es el epicentro de una nueva cepa del coronavirus, el cual traspasó sus fronteras y ya está en otros cuatro países luego de que visitantes lo contrajeran allí y retornaran a sus lugares de origen.

En sus calles existe un leve miedo, cómo no tenerlo. Todo el mundo tiene en la mira a Wuhan, una ciudad quizá desapercibida ante la majestuosidad de Beijing o Shangai, pero que para los chinos es su propia Nueva York, con más de once millones de habitantes.

El colombiano Carlos Oliveros desde hace seis meses hace parte de esta población y ha vivido en carne propia cómo una noticia que parecía no tener mayor impacto en Wuhan, pasó a ser una alerta mundial


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Este coronavirus también cambió por completo su cotidianidad, no solo está esa incertidumbre de lo que pasará, sino que ahora también están aislados por decisión del gobierno chino, el cual busca las maneras de evitar más contagios.

Fue incluso antes de finalizar el 2019 cuando Carlos empezó a escuchar de una fuerte gripa que sacudía a algunas personas en Wuhan en pleno invierno. Las lluvias son constantes y las temperaturas alcanzan los cero grados durante las noches, por lo que esta enfermedad parecía normal en su momento.

Pero los síntomas del brote empezaron a asemejarse a los del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS, en inglés), virus que pertenece a una cepa de coronavirus que causó en el 2002 la muerte de 349 personas en China y que se transmite de los animales a los humanos

A partir de ese instante, Carlos fue testigo de la primera medida que se tomó para evitar una propagación de lo que se pensaba que era el SARS: el cierre de un mercado donde se vendían exclusivamente productos del mar, allí habría empezado el brote.

Tras los análisis de los primeros infectados y también del lugar, los investigadores chinos identificaron que el causante del nuevo brote infeccioso en humanos era un virus de esta familia del coronavirus que no correspondía a los identificados hasta ahora y que su propagación era de humano a humano, una infección totalmente nueva.

El hallazgo trastocó por completo la cotidianidad en Wuhan, epicentro de este nuevo coronavirus que ya deja 25 muertos y más de 600 infectados.

Carlos cuenta que tras el ‘boom’ de la nueva enfermedad, a su habitación en un campus de la Universidad de Wuhan llegaron las autoridades sanitarias para leerle una serie de recomendaciones, las cuales ahora están pegadas por toda la ciudad.

El uso del tapabocas se volvió indispensable para todas las personas, a quienes -entre otras cosas- les recomendaron evitar salir -en la medida de lo posible- de sus habitaciones y no frecuentar lugares públicos donde se presente gran aglomeración.

Este bogotano, de 27 años, llegó a la ciudad tras ganarse una beca en la maestría de Educación Superior en la Universidad de Wuhan. En Colombia, el joven es egresado de la Universidad Distrital, en Bogotá, donde estudió Licenciatura en Inglés.

El virus, manifiesta el colombiano, llega en un momento de celebración en el país y cuando muchos de sus habitantes recorren distintos destinos para festejar el año nuevo chino este 25 de enero.

En Wuhan, dice Carlos, las calles están algo desoladas, no solo por el temor a contraer el coronavirus, también se debe a que muchos de los habitantes de la ciudad están en su pueblo de origen esperando esta festividad.

Al ser una gran urbe, las vacaciones se acabarían en solo una semana y se esperaría el regreso de miles de personas al trabajo y a la universidad, pero no se sabe cuándo se levantaría el aislamiento en Wuhan.

Por estos días, el colombiano indica que es difícil movilizarse por Wuhan. Las estaciones de Metro están cerradas y no hay transportes públicos en operación por decisión gubernamental.

Además, cuando se sale a la calle para comprar víveres o medicamentos, hay en
prácticamente todos los establecimientos máquinas que miden la temperatura de las personas, con lo que se intenta controlar a posibles portadores.

Uno se queda con incertidumbre de cómo empieza a evolucionar la cuestión. Hay que tener tranquilidad

“Hay unos escáneres en todos los lugares públicos, cada vez que se entra a un establecimiento se pasa por uno de estos medidores de temperatura corporal. Antes de ir a un lugar público le piden a uno que pase por ahí. Siento que es algo similar al temor que se generó en Colombia con el H1N1, pero acá sí que se toman medidas más serias, hay más compromiso de las autoridades”, manifiesta el colombiano.

Carlos manifiesta que conoce de otros tres colombianos que estudian en Wuhan, donde son pocos los latinos que se ven. Sin embargo, la capital de la provincia Hubei es una de las ciudades más multiculturales del país, siendo frecuentada por árabes, africanos, rusos, españoles y tailandeses, entre otras nacionalidades.

Pese a esa multiculturalidad y de ser un destino importante, una de las medidas para controlar el brote es el cierre del aeropuerto y, de hecho, se prohibió que cualquier ciudadano «salga de Wuhan sin razones especiales» hasta nuevo aviso.


“A mí no me afectó tanto el aislamiento de la ciudad, no tenía planes de salir, pero sí se complica el turismo dentro de la misma ciudad. Es difícil porque las estaciones de metro están cerradas, ningún medio de transporte funciona, eso -en todo caso- demuestra el compromiso para evitar la propagación”,cuenta.


El colombiano añade que pasa sus días en la habitación y también conoce que en los colegios se suspendieron las clases y tomaron la opción de realizarlas de manera virtual.

Mientras tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca este jueves un consenso para declarar la emergencia sanitaria internacional por los avances del brote de coronavirus.

Carlos añade que, de momento, no tiene allegados que estén contagiados, pero se está a la expectativa sobre las decisiones que se puedan tomar en la ciudad.


“No siento miedo, no siento pánico, estoy tranquilo. La ciudad está sola, pero eso también es por motivo de las vacaciones del año nuevo chino. Uno se queda con incertidumbre de cómo empieza a evolucionar la cuestión. Hay que tener tranquilidad”, indica.


Respecto a la celebración del año chino de este sábado, el gobierno decidió no realizar los tradicionales desfiles que se llevan a cabo.

Carlos apunta también que se intenta seguir con normalidad la vida, aunque con ciertas protecciones. De hecho, en la ciudad son pocos los establecimientos que abren y para comer la opción es acudir a los restaurantes de la universidad, donde tampoco se escapan de los controles de los escáneres para medir la temperatura corporal de los estudiantes.

De momento, en Wuhan están todas las miradas del mundo, allí un equipo de muy alto nivel de la OMS trabaja en el foco de la epidemia para profundizar en las investigaciones que permitan obtener datos concretos sobre un brote que aún no se conoce completamente, además de elementos como su origen, posibles tratamientos o modos de contagio.

Fuente : eltiempo.com


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