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Cáncer en Colombia: buenos en diagnóstico y rajados en atención

Cáncer en Colombia: buenos en diagnóstico y rajados en atención

No haría falta un día internacional, como el que se celebra este lunes, para hablar del cáncer y su nefasto poder de cambiar la vida de millones de familias en el mundo.

Para dimensionar su impacto, es necesario decir que en Colombia, este mal lo padecen al menos 229.374 personas, según la Cuenta de Alto Costo (CAC), que maneja las cifras más optimistas. Y que tan solo en el 2017 fueron 32.818 nuevos diagnósticos y 18.071 muertes, en especial por cáncer de mama y de próstata. Aclarando, por supuesto, que estos números podrían ser mayores por un subregistro.

Pero este informe no trata de cuantificar porque sí, como suele hacerse. Por el contrario, pretende contar por qué, no obstante los avances en diagnóstico y cobertura –porque en el papel todo está cubierto–, el sistema de salud colombiano no siempre les ayuda a los pacientes oncológicos. Y si se quiere precisar, en la lucha contra el cáncer no todo es color de rosa, muchas vidas se pierden en medio de las brechas.

Pero antes, los avances.

Mejor detección
El informe anual de la CAC sobre el cáncer en el país, al que este diario tuvo acceso, permite profundizar en cómo se está atendiendo a los pacientes de cáncer. Allí se aprecia la creciente prevalencia, incidencia y mortalidad, pero también se destaca que la detección temprana, indicador clave en el tratamiento, viene mejorando.

En concreto, se han reducido un 44 por ciento, desde el 2015, los días entre el momento de la sospecha médica y la confirmación del diagnóstico. En casos nuevos de leucemia linfoide aguda infantil, por ejemplo, pasó de 16 días a 10 en ese periodo de tiempo.

De 2015 a 2017 también aumentó la detección en estadios tempranos de los cánceres de mama (39,4 a 47,7 %), próstata (66,6 a 74,1 %) y cuello uterino (60,2 a 63,8 %).

Sin embargo, tal como anota el propio informe de la CAC, las cosas se complican luego del diagnóstico.

Días valiosos
John Marulanda, jefe médico de la Liga Colombiana contra el Cáncer, no duda en señalar que la detección temprana y el acceso rápido a los tratamientos, literalmente, salva vidas, y por eso “cada minuto cuenta”.

En Colombia, en esa segunda tarea, la situación es “crítica”, según la CAC, ya que el tiempo que pasa entre el momento en que una persona recibe la noticia de su enfermedad y el comienzo del tratamiento sigue siendo una eternidad. En cáncer de mama, de cuello uterino, de colon, de estómago y de próstata, la espera promedio es mayor a 45 días, dos semanas más de lo esperado. En el caso de cuello uterino, el tiempo puede extenderse incluso hasta 73 días.

Lizbeth Acuña, directora de la CAC, le agrega que solo 13 por ciento de las EPS alcanzaron esta meta de oportunidad entre el diagnóstico y el inicio de tratamiento.

¿Y después?
El tema no para con el comienzo del tratamiento, porque si bien Colombia es uno de los pocos países de la región en donde está cubierta integralmente la atención, persisten barreras administrativas que entorpecen la vida de los pacientes.

Prueba de ello es un estudio de la Fundación Colombiana de Leucemia y Linfoma publicado el año pasado con 165 pacientes de leucemia mieloide crónica (LMC). Los participantes no reportaron negaciones explícitas de procedimientos o tratamientos, aunque sí demoras frecuentes en las autorizaciones, y más aún en la dispensación de medicamentos. El 24,2 por ciento de ellos dijeron no haber recibido la totalidad de cajas de medicamento para su tratamiento de ocho meses, y 102 manifestaron haber suspendido su medicación en algún momento por razones no médicas, la principal: la demora en la entrega por parte de la farmacia.

Yolima Méndez, presidenta de la fundación, explica que los pacientes con LMC reciben terapias orales de manejo ambulatorio, por lo que dependen de la celeridad del sistema de salud para poder cumplir con las indicaciones médicas. “¿Cuáles son las medidas de control para las EPS que no garantizan la entrega de la totalidad de los tratamientos a sus pacientes?”, cuestiona Méndez.

El estudio con personas que padecen LMC también evidenció que 65 por ciento de ellos debieron recurrir a alguna acción legal para garantizar la continuidad del tratamiento. Y para rematar, 30 por ciento de los que acudieron a una acción de tutela interpusieron luego un incidente de desacato.

Por todo esto, los desenlaces fatales pueden acelerarse. Y en ese indicador también nos rajamos. Según el estudio Concord 3, publicado en marzo pasado en ‘The Lancet’ y que mide la sobrevivencia de los pacientes en 71 países, el porcentaje de colombianos que mueren antes de cumplirse cinco años del diagnóstico va en aumento, con excepción de la leucemia en niños, en la que sí ha mejorado el pronóstico.

«Este país ha hecho muchos esfuerzos para garantizar la cobertura integral de los pacientes y sus familias ante un evento catastrófico como este»

“Este país ha hecho muchos esfuerzos para garantizar la cobertura integral de los pacientes y sus familias ante un evento catastrófico como este. De ahí que no se pueda tolerar que se segmenten los servicios, que no se prevenga, que se retarden los diagnósticos y los tratamientos, además de que se nieguen los cuidados paliativos y el manejo del dolor. Esto raya con lo ilegal, remata César Burgos, presidente de la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas.

Subregistro: otro grave problema
Si bien la Cuenta de Alto Costo presenta números condicionados por las atenciones prestadas en el sistema general de salud, otras fuentes de datos señalan que los casos incidentes y prevalentes en el país son mayores, lo que evidenciaría un grave subregistro.

Las proyecciones de otros registros sobre el cáncer que existen en Colombia ponen el número de casos nuevos por encima de 100.000 en el 2018, muy por encima de los 32.000 de la CAC en el 2017. Globocan, por ejemplo, el observatorio de la Agencia Internacional para la Atención del Cáncer, señala que el número de casos nuevos por año más reciente fue de 90.000.

‘La calidad asistencial es clave’
Juan Pablo Uribe, ministro de Salud, se pronunció ante los retos de atención que se deben afrontar para que el cáncer no siga arrebatando vidas. Señaló que “la calidad asistencial es fundamental y debemos ser capaces de evaluar satisfacción y resultados clínicos, y generar incentivos en torno a ellos”.

Sobre las barreras que persisten, aseguró que “se pueden resolver con adecuada gestión y procesos y sistemas estructurados pensando en el paciente”. Concluyó afirmando que los actores del sistema tienen que competir con calidad y eficiencia, y garantizando integralidad y continuidad de la atención.

De oncólogos y de centros oncológicos
Lo que aquí se contará no es nuevo, pero sí preocupante: en Colombia hacen falta especialistas para tratar el cáncer. En realidad, no se sabe cuántos médicos preparados para tratar esta enfermedad hay en el país. El Ministerio de Salud no tiene un registro de especialistas, valga decir. Y en el mejor de los escenarios, hay 250, sumando hematólogos, oncólogos y hemato oncólogos, según la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas.

Dice Javier Ignacio Godoy, presidente de la Asociación Colombiana de Hematología y Oncología, que la figura de este especialista es clave para la supervivencia de los pacientes, pues tiene a su cargo el curso de la enfermedad desde el mismo momento del diagnóstico. A ese gremio hay afiliados apenas 180, reconoce.

Si se toman las cifras de Globocan y los otros registros distintos a la CAC, según los cuales hay cerca de 90.000 nuevos diagnósticos anuales, y se divide con el dato tentativo de Sociedades Científicas, en Colombia cada oncólogo debería recibir al año 360 nuevos pacientes para cubrir la totalidad de la atención.

Una proporción reveladora, teniendo en cuenta que la recomendación de la Sociedad Española de Oncología Médica, por ejemplo, es 158 nuevos casos por oncólogo médico a tiempo completo y que en Perú hay un oncólogo por cada 331 pacientes nuevos; en Argentina, uno por cada 287; en Brasil, uno por cada 170, y en Uruguay, uno por cada 108, según la Encuesta global sobre la fuerza de trabajo en oncología clínica, publicada hace un año y en la cual no aparece nuestro país.

“Es cierto que hay menos especialistas de lo que se necesita. Por ejemplo, en Bogotá solo hay 60. Pero se deben tener en cuenta factores de tipo educativo como que graduarse en la materia puede tomar hasta 13 años de estudio”, dice Godoy.

En cualquier caso, cualquier indicador que se construya en Colombia en este aspecto deberá tener en cuenta grises profundos. Uno de ellos es que a nivel nacional, tanto los oncólogos como los servicios oncológicos están concentrados en las capitales, lo que expone brechas de acceso efectivo a especialistas enormes en las regiones.

El más reciente boletín de servicios oncológicos del Instituto Nacional de Cancerología (INC) apunta que en el país hay 1.779 sitios donde se atiende el cáncer. Siguiendo con el juego de las proporciones, equivaldría a que hay siete centros oncológicos por cada médico especialista en esta materia. Y si bien se puede alegar que un profesional puede atender varios lugares al tiempo, para los expertos en cáncer consultados es claro que lo ideal es contar con un profesional permanentemente.

Y hablando de integralidad, el boletín del INC también pone sobre la mesa que el sector privado concentra el 90 por ciento de los servicios oncológicos, pero solo el 5 por ciento de estos son “centros integrales de tratamiento”, donde se brinda quimioterapia, radioterapia y cirugía.

Fuente:www.eltiempo.com


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