El triste Museo del Caribe

El triste Museo del Caribe
Foto: Tomada de internet

“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos”.

– Jorge Luis Borges

Etimológicamente, el término museo proviene del griego museion que significa templo. Siempre he tenido la frustración cultural de no poder disfrutar de un museo en nuestro territorio, tenemos tanto que contar y exaltar que tendría que pensarse majestuoso y de una estructura monumental, son escasos los documentos que protegen nuestra memoria histórica en todos los ámbitos, social, cultural, político y ambiental. Tiene tanta fuerza nuestra historia, que he podido encontrarla en diferentes museos de Colombia, inclusive existen evidencias en museos internacionales.

Ya había sido cautivado por el museo del caribe o el parque cultural del caribe ubicado en Barranquilla y en mi afán por contagiarme aún mas de su belleza y profundidad cultural, lo visite de nuevo y desafortunadamente mi experiencia fue demasiado triste para callarla. No podría iniciar sin resaltar la calidez de su personal, siempre atento y bien documentado que intentaban tapar con su amabilidad la realidad que enfrentan, fui en busca de lo fascinante de la vida de Gabriel Garcia Márquez, la belleza de nuestras sabanas, valles y paramos, la narrativa de nuestras etnias indígenas y por supuesto el arte en música, letras y poesías de nuestros más inmortales músicos, escritores y poetas.

Sin embargo, encontré un museo moribundo, detenido en el tiempo, enfermo por el descuido y perdiendo lentamente su capacidad mágica de llevarnos a entender lo maravilloso del caribe colombiano, sus salas con un calor insoportable, sus equipos sin funcionar y algunas salas cerradas por un mantenimiento que nunca llega, llevaron al traste mi intención de revivir mi primera experiencia.

Intente sin éxito convencer a mis acompañantes de una situación que me parecía momentánea, indague un poco sobre esta realidad en algunos editoriales e investigaciones de los medios de comunicación del atlántico y mi frustración fue mayor, me uno entonces a tantas voces en el caribe que gritan con urgencia que miremos este proyecto como patrimonio cultural y unamos fuerzas para que a quien corresponda restablecer este lugar, inicie de inmediato esta tarea, antes de que sea demasiado tarde.

Muchas voces reclaman recursos, diversificación e innovación de servicios al interior del museo, pero lo cierto es que cada día que pasa será más difícil y más costoso salvar el parque cultural del caribe, un museo que incluye a Córdoba y su cultura Embera y zenú, que recoge nuestro folklor, nuestras riquezas ambientales, nuestra Gastronomia y nuestro Arte.

El parque cultural del Caribe, no es de Barranquilla, esta allí por que quienes lo fundaron creyeron en un caribe universal, en un caribe que nos incluye a todos, no podemos ser inferiores a esta responsabilidad de proteger nuestra memoria histórica, para que las futuras generaciones entiendan lo fundamental de una sociedad caribe guerrera, trabajadora, pujante y con una capacidad artística que no tiene límites.

Si de algo sirve esta columna para revivir esta intención salvadora de la cultura, pues que así sea, por qué me siento herido culturalmente y no puedo callar cuando algo así está pasando frente a mis ojos.


Por: Luis Martínez García

Luis Martínez García

Empresario, consultor en planeación estratégica y sistemas de gestión integral; docente universitario en las áreas de marketing, SIGC, Prospectiva, planeación; Gerente OPTIMIS y GQ Consulting Group.


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