El amor moderno

El amor moderno
Foto: Tomada de internet

“Los sentimientos son los instrumentos de que dispone el sujeto para estar interesado en los objetos que le rodean. Sin los sentimientos seríamos prácticamente muebles.”

– Carlos Castilla Del Pino

En el campo empresarial y social cada día coge más fuerza hablar de temas como la felicidad y el amor, para entender este fenómeno, es necesario aceptar que los modelos sociales deshumanizados, prefieren las variables económicas a las sociales, sin entrar a describir los modelos económicos me causo curiosidad averiguar que relación tiene el amor con la modernidad, fue entonces cuando me encontré a Yann Dall’Aglio filósofo francés que ha recorrido el mundo hablando a millones de personas sobre este tema.

Yann, presenta la modernidad como una capitalización del narcisismo y nos entrega elementos para que podamos estructurar acciones, que enfrenten esta problemática social. La modernidad también afecta a las empresas y su talento humano, rechazar el progreso y el desarrollo para revalidar los valores no es el camino, entender como convivir con la modernidad sin descuidar lo humano es la ruta más idónea para proteger a las generaciones futuras.

Este análisis empieza, desde el paradigma moderno de que el ser humano lucha por ser amado y no lucha por amarse. El deseo pasa de ser una necesidad individual para pasar a ser una recompensa del entorno, valemos por lo que los demás dicen o piensen de nosotros, lo que determina que el valor que uno siente es cero si el entorno no ve en nosotros valor alguno. La modernidad entrega tres elementos fundamentales, la racionalización científica, como el afán desmedido a entenderlo todo bajo la lupa de la razón científica y desestimar lo que no sea ciencia o no se demostrable científicamente.

La democratización política, que pone el ser humano a exigir todo como un derecho natural, todo es posible y todo es permitido, elimina la necesidad de construir, porque la sociedad debe proveer de todo lo necesario sin esfuerzo, el logro no es un esfuerzo y no se requiere, seres humanos que pensamos que a todo tenemos derecho y todo debe ser en aras de la equidad, permitido sin límite alguno.

La racionalización económica, que determina que hoy todo tiene un precio y el valor lo pone el contexto, el mercado, la sociedad y por lo tanto mi poder está en tener y no en desarrollar, la angustia del hombre contemporáneo es la de ocupar un lugar en la sociedad, que le exige tener, adquirir, aparentar, el valor social depende entonces, del poder económico y la capacidad de lograr dominar el precio de lo que deseamos, sin importar el medio para conseguirlo.

Desestima este escenario los valores como el amor, si el ser humano busca ser amado y no amarse y el ser humano busca ser aceptado y no aceptarse, ponemos en manos de otros, nuestra felicidad, descuidando nuestra naturaleza y nuestra esencia, si en las organizaciones trabajamos al talento humano no solo desde la óptica de su capacidad de producir, no solo desde su camino de desarrollo en la organización, si no que intentamos construir el mapa que equipare su propia felicidad con su productividad, podemos lograr que ese talento humano desarrolle un agradecimiento hacia la empresa que va más allá del salario que recibe.

Recordar que el ser humano necesita ser feliz para dar lo mejor de si mismo es un paradigma que está desapareciendo y debemos rescatar, los seres humanos felices son una especie en vía de extinción.


Por: Luis Martínez García

Luis Martínez García

Empresario, consultor en planeación estratégica y sistemas de gestión integral; docente universitario en las áreas de marketing, SIGC, Prospectiva, planeación; Gerente OPTIMIS y GQ Consulting Group.


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